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Los Cánones de Dort

1619 · Continental Reformed

The Canons of Dort were adopted by the Synod of Dort (1618-1619), an international Reformed assembly convened in Dordrecht, the Netherlands. The Synod responded to the five articles of the Arminian Remonstrance with five heads of doctrine addressing unconditional election, limited atonement, total depravity, irresistible grace, and the perseverance of the saints. The Canons complete the Three Forms of Unity alongside the Belgic Confession and the Heidelberg Catechism.

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Los Cánones de Dort

Adoptados por el Sínodo de Dort, 1618-1619

Los Cánones de Dort, también llamados los Cinco Artículos contra los Remonstrantes, son declaraciones de doctrina adoptadas por el Sínodo Reformado de Dort en 1618-1619. Este Sínodo tuvo una dimensión internacional, pues no solo estuvo compuesto por los delegados de las iglesias reformadas de los Países Bajos sino que también asistieron veintisiete representantes de iglesias extranjeras.

El Sínodo de Dort se celebró en vista de la grave perturbación en las iglesias reformadas causada por el surgimiento y la difusión del arminianismo. Arminio, profesor de teología en la Universidad de Leyden, y sus seguidores se apartaron de la fe reformada en su enseñanza sobre cinco puntos importantes. Enseñaron la elección condicional sobre la base de la fe prevista, la expiación universal, la depravación parcial, la gracia resistible y la posibilidad de caer de la gracia. Estas opiniones fueron rechazadas por el Sínodo, y las opiniones contrarias quedaron plasmadas en lo que ahora se llama los Cánones de Dort o los Cinco Artículos contra los Remonstrantes. En estos Cánones el Sínodo expuso la doctrina reformada sobre estos puntos, a saber, la elección incondicional, la expiación particular, la depravación total, la gracia invencible y la perseverancia de los santos.

Cada uno de los Cánones consta de una parte positiva y una negativa, siendo la primera una exposición de la doctrina reformada sobre el tema, y la segunda un repudio del error arminiano correspondiente. Aunque en la forma hay solo cuatro capítulos, ocasionados por la combinación de la tercera y la cuarta sección en una sola, hablamos con propiedad de cinco Cánones, y el tercer capítulo siempre se designa como Capítulo III/IV. Se requiere que todos los oficiales de nuestras iglesias suscriban estos Cánones así como la Confesión Belga y el Catecismo de Heidelberg.

Primer Punto de Doctrina: La Elección y Reprobación Divinas

Artículos

Artículo 1: Toda la Humanidad Condenable ante Dios

Puesto que todos los hombres han pecado en Adán, están bajo la maldición y merecen la muerte eterna, Dios no habría cometido injusticia con nadie si hubiera sido su voluntad dejar a toda la raza humana en el pecado y bajo la maldición, y condenarla a causa de su pecado, según estas palabras del apóstol: todo el mundo se sujete á Dios; Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios; y: la paga del pecado es muerte.

Artículo 2: El Envío del Hijo de Dios

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Artículo 3: La Predicación del Evangelio

Para que los hombres sean traídos a la fe, Dios envía misericordiosamente heraldos de este mensaje tan gozoso a quienes él quiere y cuando él quiere. Por su ministerio los hombres son llamados al arrepentimiento y a la fe en Cristo crucificado. ¿Cómo, pues invocarán á aquel en el cual no han creído? ¿y cómo creerán á aquel de quien no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?

Artículo 4: Un Doble Resultado

La ira de Dios permanece sobre aquellos que no creen este evangelio. Pero aquellos que lo reciben y abrazan a Jesús el Salvador con una fe verdadera y viva son librados por él de la ira de Dios y de la destrucción, y reciben la vida eterna.

Artículo 5: La Causa de la Incredulidad, la Fuente de la Fe

La causa o culpa de esta incredulidad, así como de todos los demás pecados, de ninguna manera está en Dios, sino más bien en el hombre. La fe en Jesucristo y la salvación por medio de él, sin embargo, es el don gratuito de Dios, como está escrito: por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. De igual manera: á vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él.

Artículo 6: El Decreto Eterno de Dios

Que Dios en el tiempo confiera el don de la fe a algunos, y no a otros, procede de su decreto eterno. Porque conoce todas sus obras desde la eternidad, y hace todas las cosas según el consejo de su voluntad. Conforme a este decreto él ablanda misericordiosamente los corazones de los elegidos, por duros que sean, y los inclina a creer; a los no elegidos, sin embargo, los deja en su propia maldad y dureza por un justo juicio. Y aquí especialmente se nos revela la distinción profunda, misericordiosa y al mismo tiempo justa entre hombres igualmente dignos de condenación, es decir, ese decreto de elección y reprobación que ha sido revelado en la Palabra de Dios. Aunque los hombres perversos, impuros e inestables tuercen este decreto para su propia destrucción, proporciona un consuelo indecible para las almas santas y temerosas de Dios.

Artículo 7: La Elección Definida

La elección es el propósito inmutable de Dios por el cual, antes de la fundación del mundo, de toda la raza humana, que había caído por su propia culpa de su integridad original al pecado y la perdición, ha escogido en Cristo para salvación, conforme al soberano beneplácito de su voluntad y por pura gracia, a un número definido de personas específicas, ni mejores ni más dignas que otras, sino envueltas junto con ellas en una miseria común. También ha designado desde la eternidad a Cristo para ser el Mediador y Cabeza de todos los elegidos y el fundamento de la salvación, y así decretó dar a Cristo a aquellos que habían de ser salvos, y llamarlos y atraerlos eficazmente a su comunión por medio de su Palabra y Espíritu. Decretó darles verdadera fe en él, justificarlos, santificarlos y, después de haberlos guardado poderosamente en la comunión de su Hijo, finalmente glorificarlos, para la demostración de su misericordia y la alabanza de las riquezas de su gloriosa gracia. Como está escrito: nos escogió en él antes de la fundación del mundo... Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos por Jesucristo á sí mismo. Y en otro lugar: á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

Artículo 8: Un Solo Decreto de Elección

No hay diversos decretos de esta elección, sino que hay uno y el mismo decreto respecto a todos aquellos que han de ser salvos tanto bajo el Antiguo como bajo el Nuevo Testamento. Porque la Escritura declara que el beneplácito, el propósito y el consejo de la voluntad de Dios es uno.

Conforme a este propósito él nos ha escogido desde la eternidad tanto para la gracia como para la gloria, tanto para la salvación como para el camino de la salvación, que preparó para nosotros a fin de que anduviésemos en él.

Artículo 9: La Elección No Se Basa en la Fe Prevista

Esta elección no se basa en la fe prevista, la obediencia de la fe, la santidad o cualquier otra buena cualidad o disposición, como causa o condición requerida en el hombre para ser escogido, sino que los hombres son escogidos para la fe, la obediencia de la fe, la santidad y demás. La elección, por tanto, es la fuente de todo bien salvífico, de la cual fluyen la fe, la santidad, otros dones salvíficos y finalmente la vida eterna misma, como sus frutos y efectos. Esto enseña el apóstol cuando dice: (no porque fuéramos, sino) para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor.

Artículo 10: La Elección Se Basa en el Beneplácito de Dios

La causa de esta elección gratuita es únicamente el beneplácito de Dios. Este beneplácito no consiste en esto, que de todas las condiciones posibles Dios escogiera ciertas cualidades o acciones de los hombres como condición para la salvación, sino en esto, que de la masa común de pecadores adoptó a ciertas personas para que fueran su propia posesión. Porque está escrito: no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, Le fué dicho que el mayor serviría al menor.... A Jacob amé, mas á Esaú aborrecí. (cf. Génesis 25:23; Malaquías 1:2-3). Y: creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.

Artículo 11: La Elección Inmutable

Así como Dios mismo es sapientísimo, inmutable, omnisciente y todopoderoso, así su elección no puede ser deshecha ni rehecha, ni cambiada, revocada o anulada; ni pueden los elegidos ser desechados, ni su número ser disminuido.

Artículo 12: La Seguridad de la Elección

Los elegidos a su debido tiempo, aunque en diversas etapas y en diferente medida, alcanzan la certeza de esta su eterna e inmutable elección para salvación. Alcanzan esta seguridad, sin embargo, no escudriñando inquisitivamente las cosas ocultas y profundas de Dios, sino observando en sí mismos, con gozo espiritual y santo deleite, los frutos infalibles de la elección señalados en la Palabra de Dios, tales como una fe verdadera en Cristo, un temor filial de Dios, una tristeza piadosa por sus pecados y un hambre y sed de justicia.

Artículo 13: El Valor de Esta Seguridad

La conciencia y seguridad de esta elección proporcionan a los hijos de Dios mayor razón para humillarse diariamente ante Dios, para adorar la profundidad de sus misericordias, para limpiarse a sí mismos y para amarlo fervientemente a su vez, a él que primero los amó tan grandemente. No es, por tanto, en absoluto cierto que esta doctrina de la elección y la reflexión sobre ella los haga negligentes en observar los mandamientos de Dios o falsamente seguros. En el justo juicio de Dios, esto suele suceder a aquellos que presumen temerariamente tener la gracia de la elección, o charlan ociosa y osadamente acerca de ella, pero rehúsan andar en los caminos de los elegidos.

Artículo 14: Cómo Se Ha de Enseñar la Elección

Esta doctrina de la elección divina, conforme al sapientísimo consejo de Dios, fue predicada por los profetas, por Cristo mismo y por los apóstoles, tanto bajo el Antiguo como bajo el Nuevo Testamento, y luego fue puesta por escrito en las Santas Escrituras. Por tanto, también hoy esta doctrina debe ser enseñada en la iglesia de Dios, para la cual fue particularmente destinada, en su debido tiempo y lugar, con tal que se haga con un espíritu de discreción, de manera reverente y santa, sin escudriñar inquisitivamente los caminos del Altísimo, para la gloria del santísimo nombre de Dios y para el consuelo vivo de su pueblo.

Artículo 15: La Reprobación Descrita

La Santa Escritura ilustra y nos recomienda esta eterna e inmerecida gracia de nuestra elección, especialmente cuando declara además que no todos los hombres son elegidos sino que algunos no han sido elegidos, o han sido pasados por alto en la eterna elección de Dios. De su libérrimo, justísimo, irreprochable e inmutable beneplácito, Dios ha decretado dejarlos en la miseria común en la cual por su propia culpa se han precipitado, y no darles la fe salvadora ni la gracia de conversión. A estos, habiendo sido dejados en sus propios caminos y bajo su justo juicio, Dios ha decretado finalmente condenarlos y castigarlos eternamente, no solo a causa de su incredulidad sino también a causa de todos sus demás pecados, a fin de mostrar su justicia. Este es el decreto de reprobación, que de ninguna manera hace a Dios autor del pecado (¡el solo pensamiento es blasfemo!), sino que más bien lo declara ser su terrible, irreprochable y justo juez y vengador.

Artículo 16: Respuestas a la Doctrina de la Reprobación

Algunos aún no disciernen claramente en sí mismos una fe viva en Cristo, una confianza segura del corazón, paz de conciencia, un celo por la obediencia filial y un gloriarse en Dios por medio de Cristo; no obstante, usan los medios por los cuales Dios ha prometido obrar estas cosas en nosotros. No deben alarmarse cuando se menciona la reprobación, ni contarse entre los réprobos. Más bien, deben continuar diligentemente en el uso de estos medios, desear fervientemente un tiempo de gracia más abundante y esperarlo con reverencia y humildad.

Otros desean seriamente ser convertidos a Dios, agradarle solo a él y ser librados del cuerpo de muerte. Sin embargo, no pueden alcanzar aquel punto en el camino de la piedad y la fe que quisieran. Deben aterrarse aún menos por la doctrina de la reprobación, puesto que un Dios misericordioso ha prometido no apagar la mecha que humea ni quebrar la caña cascada.

Otros aún desprecian a Dios y al Salvador Jesucristo y se han entregado por completo a los afanes de esta vida y al engaño de las riquezas. Para ellos esta doctrina de la reprobación es con razón temible mientras no se vuelvan seriamente a Dios.

Artículo 17: Los Hijos de los Creyentes que Mueren en la Infancia

Debemos juzgar respecto a la voluntad de Dios por su Palabra, la cual declara que los hijos de los creyentes son santos, no por naturaleza sino en virtud del pacto de gracia, en el cual están incluidos con sus padres. Por tanto, los padres temerosos de Dios no deben dudar de la elección y salvación de sus hijos a quienes Dios llama de esta vida en su infancia.

Artículo 18: No Protesta sino Adoración

A aquellos que se quejan de esta gracia de la inmerecida elección y de la severidad de la justa reprobación, respondemos con esta palabra del apóstol: oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? Y con esta palabra de nuestro Salvador: ¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero con lo mío?

Nosotros, sin embargo, con reverente adoración de estos misterios, exclamamos con el apóstol: ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, é inescrutables sus caminos!

Rechazo de los Errores

Habiendo explicado la verdadera doctrina de la elección y reprobación divinas, el Sínodo rechaza los siguientes errores:

Error 1

Error: La voluntad de Dios de salvar a aquellos que creyeran y perseveraran en la fe y la obediencia es todo el entero decreto de elección para salvación. Ninguna otra cosa respecto a este decreto ha sido revelada en la Palabra de Dios.

Refutación: Este error es engañoso y contradice claramente la Escritura, la cual declara no solo que Dios salvará a aquellos que creen sino también que ha escogido a personas específicas desde la eternidad. Dentro del tiempo concede a estos elegidos, por encima de otros, tanto la fe en Cristo como la perseverancia. He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste. Y: creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. nos escogió en él antes de la fundación del mundo.

Error 2

Error: Hay diversas clases de elección divina para vida eterna. Una es general e indefinida, otra es particular y definida. Esta última a su vez es o bien incompleta, revocable, no decisiva y condicional, o bien completa, irrevocable, decisiva y absoluta. De la misma manera hay una elección para la fe y otra para la salvación. Por tanto la elección puede ser para la fe justificante, sin ser decisiva para la salvación.

Refutación: Todo esto es una invención de la mente humana sin ningún fundamento en las Escrituras. La doctrina de la elección queda así corrompida y la cadena de oro de nuestra salvación quebrada: á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

Error 3

Error: El beneplácito y propósito de Dios del cual habla la Escritura en la doctrina de la elección no es que él escogiera a ciertas personas específicas y no a otras, sino que de todas las condiciones posibles (tales como las obras de la ley) escogió o seleccionó el acto de fe, que en sí mismo es sin mérito, así como la imperfecta obediencia de la fe, para ser una condición de salvación. En su gracia quiso considerar tal fe como obediencia completa y digna del galardón de la vida eterna.

Refutación: Este ofensivo error priva de toda eficacia al beneplácito de Dios y a los méritos de Cristo, y aparta a las personas de la verdad de la justificación graciosa y de la sencillez de la Escritura. Contradice la palabra del apóstol: nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme á nuestras obras.

Error 4

Error: La elección para la fe depende de la condición de que el hombre use correctamente la luz de la naturaleza, y de que sea piadoso, humilde, manso y apto para la vida eterna.

Refutación: Si esto fuera cierto, la elección dependería del hombre. Esto sabe a la enseñanza de Pelagio y está en abierto conflicto con la enseñanza del apóstol: Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos.

Error 5

Error: La elección incompleta y no decisiva de personas específicas para salvación tuvo lugar sobre la base de la fe prevista, la conversión, la santidad y la piedad, que o bien comenzaron o bien continuaron por algún tiempo. La elección completa y decisiva, sin embargo, ocurrió a causa de la perseverancia prevista en la fe, la conversión, la santidad y la piedad hasta el fin. Esta es la graciosa y evangélica dignidad a causa de la cual la persona que es escogida es más digna que la que no es escogida. Por tanto la fe, la obediencia de la fe, la santidad, la piedad y la perseverancia no son frutos de la inmutable elección para gloria. En cambio, son condiciones y causas necesarias requeridas y previstas como cumplidas en aquellos que han de ser plenamente elegidos.

Refutación: Este error milita contra toda la Escritura, que constantemente nos inculca lo siguiente: no por las obras sino por el que llama; creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna; nos escogió en él antes de la fundación del mundo; No me elegisteis vosotros á mí, mas yo os elegí á vosotros; si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia; él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

Error 6

Error: No toda elección para salvación es inmutable. Algunos de los elegidos pueden perecer y de hecho perecen eternamente, a pesar de cualquier decreto de Dios.

Refutación: Este craso error hace a Dios mudable, destruye el consuelo que los creyentes obtienen de la firmeza de su elección, y contradice la Santa Escritura: engañarán, si es posible, aun á los escogidos; todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero; á los que predestinó, á éstos también llamó; y á los que llamó, á éstos también justificó; y á los que justificó, á éstos también glorificó.

Error 7

Error: En esta vida no hay fruto, conciencia ni certeza de la inmutable elección para gloria, salvo la que se basa en una condición mudable e incierta.

Refutación: Hablar de una certeza incierta no solo es absurdo sino también contrario a la experiencia de los creyentes. Como resultado de la conciencia de su elección, se glorían con el apóstol en este favor de Dios. Con los discípulos de Cristo se regocijan de que sus nombres están escritos en los cielos. Ponen la conciencia de su elección frente a los dardos encendidos del diablo, cuando exclaman: ¿Quién acusará á los escogidos de Dios?

Error 8

Error: Dios no decidió simplemente por un acto de su justa voluntad dejar a persona alguna en el estado común de pecado y condenación desde su caída en Adán, ni decidió pasar por alto a nadie al conceder tal gracia como es necesaria para la fe y la conversión.

Refutación: La Escritura, sin embargo, afirma: del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece. También declara: á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos. hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños.

Error 9

Error: Dios envía el evangelio a un pueblo antes que a otro no meramente y únicamente a causa del beneplácito de su voluntad, sino porque un pueblo es mejor y más digno que otro al cual el evangelio no es predicado.

Refutación: Moisés niega esto cuando se dirige al pueblo de Israel de la siguiente manera: de Jehová tu Dios son los cielos, y los cielos de los cielos. Y Cristo dice: ¡Ay de ti, Corazín!

Segundo Punto de Doctrina: La Muerte de Cristo y la Redención del Hombre por Ella

Artículos

Artículo 1: El Castigo Que la Justicia de Dios Requiere

Dios no solo es supremamente misericordioso sino también supremamente justo. Y como él mismo ha revelado en su Palabra, su justicia requiere que nuestros pecados, cometidos contra su infinita majestad, sean castigados no solo en este siglo sino también en el venidero, tanto en el cuerpo como en el alma. No podemos escapar de estos castigos a menos que se haga satisfacción a la justicia de Dios.

Artículo 2: La Satisfacción Hecha por Cristo

Nosotros mismos, sin embargo, no podemos hacer esta satisfacción ni podemos librarnos de la ira de Dios. Dios, por tanto, en su infinita misericordia ha dado a su Hijo unigénito como nuestro Fiador. Por nosotros o en nuestro lugar fue hecho pecado y maldición en la cruz para que hiciera satisfacción en favor nuestro.

Artículo 3: El Valor Infinito de la Muerte de Cristo

Esta muerte del Hijo de Dios es el único y más perfecto sacrificio y satisfacción por los pecados, de infinito valor y mérito, abundantemente suficiente para expiar los pecados de todo el mundo.

Artículo 4: Por Qué Su Muerte Tiene Valor Infinito

Esta muerte es de tan gran valor y mérito porque la persona que se sometió a ella no solo es un hombre verdadero y perfectamente santo, sino también el Hijo unigénito de Dios, de la misma esencia eterna e infinita con el Padre y el Espíritu Santo, pues estas cualidades eran necesarias para nuestro Salvador. Además, esta muerte es de tan gran valor y mérito porque fue acompañada por un sentimiento de la ira y de la maldición de Dios que nosotros por nuestros pecados habíamos merecido.

Artículo 5: La Proclamación Universal del Evangelio

La promesa del evangelio es que todo aquel que cree en Cristo crucificado no perecerá sino que tendrá vida eterna. Esta promesa debe ser anunciada y proclamada universalmente y sin discriminación a todos los pueblos y a todos los hombres, a quienes Dios en su beneplácito envía el evangelio, junto con el mandato de arrepentirse y creer.

Artículo 6: Por Qué Algunos No Creen

Que, sin embargo, muchos que han sido llamados por el evangelio ni se arrepienten ni creen en Cristo sino que perecen en la incredulidad, no sucede a causa de defecto o insuficiencia alguna en el sacrificio de Cristo ofrecido en la cruz, sino por su propia culpa.

Artículo 7: Por Qué Otros Sí Creen

Pero a aquellos que verdaderamente creen y por la muerte de Cristo son librados de sus pecados y salvados de la perdición, este beneficio les viene únicamente por la gracia de Dios, dada a ellos desde la eternidad en Cristo. Dios no debe esta gracia a nadie.

Artículo 8: La Eficacia de la Muerte de Cristo

Porque este fue el libérrimo consejo de Dios el Padre, que la eficacia vivificante y salvadora de la preciosísima muerte de su Hijo se extendiera a todos los elegidos. Fue su voluntad e intención graciosísima dar solo a ellos la fe justificante y así llevarlos infaliblemente a la salvación. Esto significa: Dios quiso que Cristo por la sangre de la cruz (por la cual confirmó el nuevo pacto) redimiera eficazmente de todo pueblo, tribu, nación y lengua a todos aquellos, y solo a aquellos, que desde la eternidad fueron escogidos para salvación y le fueron dados por el Padre. Dios quiso además que Cristo les diera la fe, la cual, junto con otros dones salvíficos del Espíritu Santo, adquirió para ellos por su muerte; que los limpiara por su sangre de todos los pecados, tanto originales como actuales, tanto los cometidos después de la fe como antes de la fe; y que los guardara fielmente hasta el fin y al fin los presentara a sí mismo en esplendor sin mancha ni arruga.

Artículo 9: El Cumplimiento del Consejo de Dios

Este consejo, procedente del eterno amor por los elegidos, desde el principio del mundo hasta el tiempo presente ha sido poderosamente cumplido, y también continuará cumpliéndose, aunque las puertas del infierno en vano traten de frustrarlo. A su debido tiempo los elegidos serán reunidos en uno, y siempre habrá una iglesia de creyentes, fundada sobre la sangre de Cristo. Esta iglesia le amará constantemente y le servirá fielmente como su Salvador (quien como esposo por su esposa entregó su vida por ella en la cruz) y celebrará sus alabanzas aquí y por toda la eternidad.

Rechazo de los Errores

Habiendo explicado la verdadera doctrina de la muerte de Cristo y la redención del hombre por esta muerte, el Sínodo rechaza los siguientes errores:

Error 1

Error: Dios el Padre ha ordenado a su Hijo a la muerte de la cruz sin un decreto específico y definido de salvar a alguno. Lo que Cristo obtuvo por su muerte pudo haber sido necesario, provechoso y valioso, y pudo permanecer en todas sus partes completo, perfecto e intacto, aunque la redención que adquirió en realidad nunca hubiera sido aplicada a persona alguna.

Refutación: Esta doctrina es ofensiva a la sabiduría del Padre y a los méritos de Jesucristo y es contraria a la Escritura. Porque nuestro Salvador dice: pongo mi vida por las ovejas. Y el profeta Isaías dice respecto al Salvador: Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje. Finalmente, este error contradice el artículo de fe respecto a la iglesia cristiana católica.

Error 2

Error: No fue el propósito de la muerte de Cristo que él confirmara el nuevo pacto de gracia por su sangre, sino solo que adquiriera para el Padre el mero derecho de establecer una vez más con el hombre tal pacto como le pluguiera, ya de gracia o de obras.

Refutación: Esto milita contra la Escritura, la cual enseña que Cristo ha llegado a ser el Fiador y Mediador de un mejor pacto, esto es, de un nuevo pacto, y que un testamento surte efecto solo con la muerte (Hebreos 7:22; 9:15, 17).

Error 3

Error: Por su satisfacción Cristo no mereció realmente para nadie ni la salvación misma ni la fe por la cual esta satisfacción de Cristo se hace eficazmente propia para salvación. Adquirió para el Padre solo la autoridad o la perfecta voluntad de tratar de nuevo con el hombre, y de prescribir nuevas condiciones como deseara. Depende, sin embargo, del libre albedrío del hombre cumplir estas condiciones. Por tanto era posible que o bien nadie o bien todos los hombres las cumplieran.

Refutación: Aquellos que enseñan este error piensan con desprecio de la muerte de Cristo, no reconocen en absoluto su fruto o beneficio más importante y traen de vuelta del infierno el error pelagiano.

Error 4

Error: El nuevo pacto de gracia que Dios el Padre, mediante la mediación de la muerte de Cristo, hizo con el hombre, no consiste en esto, que somos justificados ante Dios y salvados por la fe, en cuanto acepta el mérito de Cristo. Consiste en el hecho de que Dios ha revocado la exigencia de la perfecta obediencia de la ley y considera la fe como tal y la obediencia de la fe, aunque imperfecta, como la perfecta obediencia de la ley. Graciosamente la juzga digna del galardón de la vida eterna.

Refutación: Esta doctrina contradice la Escritura: Siendo justificados gratuitamente por su gracia, por la redención que es en Cristo Jesús. Aquellos que enseñan este error proclaman, como lo hizo el impío Socino, una nueva y extraña justificación del hombre ante Dios, contra el consenso de toda la iglesia.

Error 5

Error: Todos los hombres han sido aceptados en el estado de reconciliación y en la gracia del pacto, de modo que nadie está sujeto a condenación a causa del pecado original, y nadie será condenado por él, sino que todos están libres de la culpa del pecado original.

Refutación: Esta opinión está en conflicto con la Escritura, la cual enseña que éramos por naturaleza hijos de ira.

Error 6

Error: En lo que a Dios respecta, él quiso otorgar igualmente a todas las personas los beneficios adquiridos por la muerte de Cristo; sin embargo, algunos obtienen el perdón del pecado y la vida eterna y otros no. Esta distinción depende de su propio libre albedrío, que se aplica a la gracia que se ofrece indiferentemente, y no del don especial de misericordia que tan poderosamente obra en ellos que ellos antes que otros se aplican esta gracia a sí mismos.

Refutación: Aquellos que enseñan esto hacen mal uso de la diferencia entre la adquisición y la aplicación de la salvación y confunden las mentes de personas imprudentes e inexpertas. Aunque pretenden presentar esta distinción en un sentido sano, buscan infundir en las mentes de las personas el pernicioso veneno del pelagianismo.

Error 7

Error: Cristo no pudo morir, no necesitó morir, y no murió por aquellos a quienes Dios amó en el grado más alto y eligió para vida eterna, puesto que estos no necesitan la muerte de Cristo.

Refutación: Esta doctrina contradice al apóstol, quien declara: el Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí. Asimismo: ¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica., a saber, por ellos. Y el Salvador nos asegura: pongo mi vida por las ovejas. Y: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado.

Tercer y Cuarto Puntos de Doctrina: La Corrupción del Hombre, su Conversión a Dios y la Manera en que Ocurre

Artículos

Artículo 1: El Efecto de la Caída

En el principio el hombre fue creado a imagen de Dios. Fue adornado en su mente con verdadero y sano conocimiento de su Creador y de todas las cosas espirituales; su voluntad y corazón eran rectos, todos sus afectos puros, y por tanto el hombre era completamente santo.

Pero rebelándose contra Dios por la instigación del diablo y por su propio libre albedrío, se privó a sí mismo de estos excelentes dones, y en cambio trajo sobre sí ceguera, horrible tiniebla, vanidad y perversidad de juicio en su mente; maldad, rebeldía y obstinación en su voluntad y corazón; e impureza en todos sus afectos.

Artículo 2: La Propagación de la Corrupción

Puesto que después de la caída el hombre se corrompió, él como padre corrupto engendró hijos corruptos. Así la corrupción se ha extendido de Adán a todos sus descendientes, con la sola excepción de Cristo, no por imitación, como sostenían los pelagianos de antaño, sino por la propagación de una naturaleza pervertida, según el justo juicio de Dios.

Artículo 3: La Incapacidad Total del Hombre

Por tanto todos los hombres son concebidos en pecado y nacen como hijos de ira, incapaces de todo bien salvífico, inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado. Y sin la gracia del Espíritu Santo regenerador ni quieren ni pueden volver a Dios, reformar su naturaleza depravada o prepararse para su reformación.

Artículo 4: La Insuficiencia de la Luz de la Naturaleza

Ciertamente, queda en el hombre después de la caída alguna luz de la naturaleza, por la cual retiene algunas nociones acerca de Dios, acerca de las cosas naturales y acerca de la diferencia entre lo que es honroso y vergonzoso, y muestra cierto respeto por la virtud y el orden exterior. Pero tan lejos está de llegar al conocimiento salvífico de Dios y a la verdadera conversión por medio de esta luz de la naturaleza que ni siquiera la usa correctamente en asuntos naturales y civiles. Más bien, sea cual sea esta luz, el hombre la contamina enteramente de diversas maneras y la suprime por su maldad. Al hacerlo, se hace a sí mismo sin excusa ante Dios.

Artículo 5: La Insuficiencia de la Ley

Lo que vale para la luz de la naturaleza también se aplica a los Diez Mandamientos, dados por Dios por medio de Moisés particularmente a los judíos. Porque aunque revela la grandeza del pecado, y cada vez más convence al hombre de su culpa, sin embargo ni señala un remedio ni le da poder para levantarse de esta miseria. Más bien, debilitada por la carne, deja al transgresor bajo la maldición. El hombre no puede, por tanto, obtener la gracia salvadora por medio de la ley.

Artículo 6: La Necesidad del Evangelio

Lo que, por tanto, ni la luz de la naturaleza ni la ley pueden hacer, Dios lo realiza por el poder del Espíritu Santo por medio de la palabra o ministerio de la reconciliación, que es el evangelio del Mesías, por el cual le ha placido a Dios salvar a los hombres que creen, tanto bajo la antigua como bajo la nueva dispensación.

Artículo 7: Por Qué el Evangelio Es Enviado a Algunos y No a Otros

Bajo la antigua dispensación Dios reveló este misterio de su voluntad a pocos. Bajo la nueva dispensación, sin embargo, quitó la distinción entre los pueblos y lo reveló a un número mayor. La causa de esta misma distribución del evangelio no ha de atribuirse a la dignidad de un pueblo por encima de otro, ni al mejor uso de la luz de la naturaleza, sino al soberano beneplácito y al inmerecido amor de Dios. Por tanto nosotros, a quienes se concede tan gran gracia, más allá de y en contra de todo lo que merecemos, debemos reconocerla con un corazón humilde y agradecido. Pero en cuanto a otros a quienes esta gracia no es dada, debemos con el apóstol adorar la severidad y justicia de los juicios de Dios pero de ninguna manera escudriñarlos inquisitivamente.

Artículo 8: El Llamamiento Sincero por el Evangelio

Pero todos cuantos son llamados por el evangelio son llamados sinceramente, porque Dios seria y sincerísimamente revela en su Palabra lo que le agrada, a saber, que aquellos que son llamados vengan a él. También promete sinceramente descanso para sus almas y vida eterna a todos los que vienen a él y creen.

Artículo 9: Por Qué Algunos que Son Llamados No Vienen

No es culpa del evangelio, ni del Cristo ofrecido por el evangelio, ni de Dios, que llama por medio del evangelio y que incluso les confiere diversos dones, que muchos que son llamados por medio del ministerio del evangelio no vengan y no sean convertidos. La culpa está en ellos mismos. Algunos de ellos no hacen caso y no aceptan la palabra de vida. Otros ciertamente la reciben, pero no la aceptan en sus corazones, y por tanto, después de que el gozo de una fe temporal se ha desvanecido, se apartan. Otros más ahogan la semilla de la palabra por los espinos de los afanes y los placeres de este mundo, y no dan fruto. Esto enseña nuestro Salvador en la Parábola del Sembrador.

Artículo 10: Por Qué Otros que Son Llamados Sí Vienen

Otros que son llamados por el ministerio del evangelio sí vienen y son convertidos. Esto no ha de atribuirse al hombre. Él no se distingue por su libre albedrío por encima de otros que están provistos de gracia igual o suficiente para la fe o la conversión (como sostiene la soberbia herejía de Pelagio). Ha de atribuirse a Dios. Él ha escogido a los suyos en Cristo desde la eternidad y los llama eficazmente dentro del tiempo. Les da fe y arrepentimiento; los libra del poder de las tinieblas y los traslada al reino de su Hijo. Todo esto lo hace para que declaren las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable, y se gloríen no en sí mismos sino en el Señor, según el testimonio de los apóstoles en diversos lugares.

Artículo 11: Cómo Dios Efectúa la Conversión

Dios lleva a cabo su beneplácito en los elegidos y obra en ellos la verdadera conversión de la siguiente manera. Se encarga de que el evangelio les sea predicado, y poderosamente ilumina sus mentes por el Espíritu Santo, para que entiendan y disciernan rectamente las cosas del Espíritu de Dios. Por la eficaz operación del mismo Espíritu regenerador también penetra en los más íntimos recovecos del hombre. Abre el corazón cerrado y ablanda el duro, circuncida lo que era incircunciso, e infunde nuevas cualidades en la voluntad. Hace la voluntad, que estaba muerta, viva; la que era mala, buena; la que no estaba dispuesta, dispuesta; y la que era obstinada, obediente. La mueve y la fortalece para que, como buen árbol, pueda producir el fruto de las buenas obras.

Artículo 12: La Regeneración Es Obra de Dios Solo

Esta conversión es la regeneración, la nueva creación, la resurrección de los muertos, el ser vivificado, de lo cual tan excelentemente se habla en las Escrituras, que Dios obra en nosotros sin nosotros. Pero esta regeneración de ninguna manera se produce solo por la enseñanza exterior, por la persuasión moral o por tal modo de operación que, después de que Dios ha hecho su parte, quede en el poder del hombre ser regenerado o no regenerado, convertido o no convertido. Es, sin embargo, claramente una obra sobrenatural, poderosísima y al mismo tiempo deleitabilísima, maravillosa, misteriosa e inexpresable. Según la Escritura, inspirada por el Autor de esta obra, la regeneración no es inferior en poder a la creación o a la resurrección de los muertos. Por tanto todos aquellos en cuyos corazones Dios obra de esta asombrosa manera son cierta, infalible y eficazmente regenerados y realmente creen. Y entonces la voluntad así renovada no solo es actuada y movida por Dios sino que, actuada por Dios, la voluntad misma también actúa. Por tanto se dice con razón que el hombre mismo cree y se arrepiente por la gracia que ha recibido.

Artículo 13: La Regeneración Es Incomprensible

En esta vida los creyentes no pueden comprender plenamente la manera en que Dios hace esta obra. Mientras tanto, sin embargo, les basta saber y experimentar que por esta gracia de Dios creen con el corazón y aman a su Salvador.

Artículo 14: Cómo la Fe Es un Don de Dios

La fe es por tanto un don de Dios, no porque sea meramente ofrecida por Dios al libre albedrío del hombre, sino porque es realmente conferida al hombre, infundida e instilada en él. Ni es un don en el sentido de que Dios confiera solo el poder de creer y luego espere del libre albedrío del hombre el consentimiento de creer o el acto de creer. Es, sin embargo, un don en el sentido de que aquel que obra tanto el querer como el hacer, y en verdad todas las cosas en todos, produce en el hombre tanto la voluntad de creer como el acto de creer.

Artículo 15: La Actitud Debida con Respecto a la Inmerecida Gracia de Dios

Esta gracia Dios no la debe a nadie. Porque ¿qué podría deber al hombre? ¿Quién le ha dado primero para que le sea recompensado? ¿Qué podría deber Dios a uno que no tiene nada propio sino pecado y falsedad? Aquel, por tanto, que recibe esta gracia debe y rinde eternas gracias solo a Dios. Aquel que no recibe esta gracia, sin embargo, o bien no se preocupa en absoluto por estas cosas espirituales y está satisfecho con lo que tiene, o bien en falsa seguridad vanamente se jacta de que tiene lo que no tiene. Además, acerca de aquellos que exteriormente profesan su fe y enmiendan sus vidas hemos de juzgar y hablar de la manera más favorable, según el ejemplo de los apóstoles, porque los íntimos recovecos del corazón nos son desconocidos. En cuanto a aquellos que aún no han sido llamados, debemos orar por ellos a Dios, que llama a la existencia las cosas que no existen. Pero de ninguna manera debemos actuar con altivez, como si nos hubiéramos distinguido de ellos.

Artículo 16: La Voluntad del Hombre No Quitada sino Vivificada

El hombre por su caída no dejó de ser hombre, dotado de intelecto y voluntad; y el pecado, que ha invadido a toda la raza humana, no privó al hombre de su naturaleza humana, sino que trajo sobre él depravación y muerte espiritual. Así también esta divina gracia de la regeneración no actúa sobre los hombres como si fueran troncos y piedras y no quita la voluntad ni sus propiedades, ni la coacciona violentamente, sino que hace la voluntad espiritualmente viva, la sana, la corrige, la inclina agradablemente y al mismo tiempo poderosamente. Como resultado, donde antes la rebelión y resistencia de la carne dominaban plenamente, ahora una pronta y sincera obediencia del Espíritu comienza a prevalecer, en la cual consiste la verdadera renovación espiritual y libertad de nuestra voluntad. Y si el maravilloso Hacedor de todo bien no obrara con nosotros de esta manera, el hombre no tendría esperanza de levantarse de su caída por su libre albedrío, por el cual él, cuando aún estaba en pie, se precipitó a sí mismo en la ruina.

Artículo 17: El Uso de los Medios

La todopoderosa operación de Dios por la cual produce y sostiene esta nuestra vida natural no excluye sino que requiere el uso de medios, por los cuales él conforme a su infinita sabiduría y bondad ha querido ejercer su poder. Así también la antes mencionada operación sobrenatural de Dios por la cual nos regenera, de ningún modo excluye ni anula el uso del evangelio, que el sapientísimo Dios ha ordenado ser la semilla de la regeneración y el alimento del alma. Por esta razón los apóstoles y los maestros que les sucedieron, reverentemente instruyeron al pueblo respecto a esta gracia de Dios, para su gloria y para el abatimiento de toda soberbia. Mientras tanto, sin embargo, no descuidaron mantenerlos, por las santas amonestaciones del evangelio, bajo la administración de la Palabra, los sacramentos y la disciplina. Así hoy aquellos que dan o reciben instrucción en la iglesia no deben atreverse a tentar a Dios separando lo que él en su beneplácito ha querido que esté estrechamente unido. Porque la gracia es conferida por medio de amonestaciones, y cuanto más prontamente cumplimos nuestro deber, tanto más este favor de Dios, que obra en nosotros, suele manifestarse en su esplendor, y así su obra procede mejor. A solo Dios, tanto por los medios como por su fruto y eficacia salvíficos, se debe toda la gloria por la eternidad. Amén.

Rechazo de los Errores

Habiendo explicado la verdadera doctrina de la corrupción del hombre y su conversión a Dios, el Sínodo rechaza los siguientes errores:

Error 1

Error: Propiamente hablando, no se puede decir que el pecado original como tal sea suficiente para condenar a toda la raza humana o para merecer castigo temporal y eterno.

Refutación: Esto contradice las palabras del apóstol cuando declara: el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte. Y: el juicio á la verdad vino de un pecado para condenación. También: la paga del pecado es muerte.

Error 2

Error: Los dones espirituales o las buenas cualidades y virtudes, tales como la bondad, la santidad, la justicia, no pueden haber pertenecido a la voluntad del hombre cuando fue creado por primera vez, y por tanto no pueden haber sido separadas de su voluntad cuando cayó.

Refutación: Este error es contrario a la descripción de la imagen de Dios que da el apóstol, cuando la conecta con la justicia y la santidad, las cuales sin duda pertenecen a la voluntad (Efesios 4:24).

Error 3

Error: En la muerte espiritual los dones espirituales no están separados de la voluntad del hombre, puesto que la voluntad como tal nunca ha sido corrompida sino solo estorbada por la tiniebla de la mente y la indisciplina de las pasiones. Si estos impedimentos han sido removidos, la voluntad puede ejercer todo su poder innato. La voluntad es de por sí capaz de querer y de escoger, o bien de no querer y no escoger, toda clase de bien que le sea presentado.

Refutación: Esto es una innovación y un error, y tiende a exaltar los poderes del libre albedrío, contrario a lo que afirma el profeta Jeremías: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso. Y el apóstol Pablo escribe: vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos.

Error 4

Error: El hombre no regenerado no está realmente o totalmente muerto en pecados, ni privado de todo poder para el bien espiritual. Todavía puede tener hambre y sed de justicia y de vida, y ofrecer el sacrificio de un espíritu contrito y quebrantado que es agradable a Dios.

Refutación: Estas cosas están en conflicto con los claros testimonios de la Escritura: estabais muertos en vuestros delitos y pecados (cf. Efesios 2:5). Y todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Además, solo los regenerados y aquellos que son llamados bienaventurados tienen hambre y sed de liberación de la miseria y de vida, y ofrecen a Dios el sacrificio de un espíritu quebrantado.

Error 5

Error: El hombre corrupto y natural puede usar tan bien la gracia común (que para los arminianos es la luz de la naturaleza), o los dones que aún le quedan después de la caída, que puede gradualmente obtener por su buen uso una gracia mayor, esto es, la gracia evangélica o salvadora, y la salvación misma. De esta manera Dios por su parte se muestra dispuesto a revelar a Cristo a todos los hombres, puesto que administra a todos suficiente y eficazmente los medios necesarios para el conocimiento de Cristo, para la fe y el arrepentimiento.

Refutación: No solo la experiencia de todas las épocas sino también la Escritura testifica que esto es falso. El denuncia sus palabras á Jacob. ha dejado á todas las gentes andar en sus caminos. Y les fué prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia.

Error 6

Error: En la verdadera conversión del hombre ningunas nuevas cualidades, poderes o dones pueden ser infundidos por Dios en la voluntad. Por tanto la fe, por la cual somos primero convertidos y a causa de la cual somos llamados creyentes, no es una cualidad o don infundido por Dios sino solo un acto del hombre. No puede ser llamada un don excepto con respecto al poder de alcanzar esta fe.

Refutación: Esta enseñanza contradice las Santas Escrituras, que declaran que Dios infunde nuevas cualidades de fe, de obediencia y de la conciencia de su amor en nuestros corazones: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones. Y: yo derramaré aguas sobre el secadal, y ríos sobre la tierra árida. Y: el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Esto también está en conflicto con la constante práctica de la iglesia, que ora por boca del profeta: conviérteme y seré convertido.

Error 7

Error: La gracia por la cual somos convertidos a Dios es solo un suave aconsejar. Esta manera de obrar que consiste en aconsejar es la manera más noble en la conversión del hombre y es la más en armonía con la naturaleza del hombre. No hay razón por la cual esta gracia consejera por sí sola no deba ser suficiente para hacer espiritual al hombre natural. En efecto, Dios no produce el consentimiento de la voluntad sino por medio de esta persuasión moral. El poder de la operación divina sobrepasa la operación de Satanás, en que Dios promete bienes eternos mientras que Satanás promete solo bienes temporales.

Refutación: Esto es enteramente pelagiano y contrario a toda la Escritura, que enseña, más allá de esta persuasión moral, otra manera aún, mucho más poderosa y divina, de la operación del Espíritu Santo en la conversión del hombre: os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros.

Error 8

Error: Al regenerar al hombre Dios no usa los poderes de su omnipotencia de modo que doblegue forzosa e infaliblemente la voluntad del hombre a la fe y la conversión. Aun cuando todas las obras de gracia hayan sido realizadas que Dios emplea para convertir al hombre y aun cuando Dios se proponga su regeneración y quiera regenerarlo, el hombre puede sin embargo resistir tanto a Dios y al Espíritu Santo, y en efecto a menudo así resiste, que impide enteramente su regeneración. Por tanto queda en el poder del hombre ser regenerado o no.

Refutación: Esto no es nada menos que la negación de toda la eficacia de la gracia de Dios en nuestra conversión, y el sometimiento de la operación de Dios Todopoderoso a la voluntad del hombre. Es contrario a los apóstoles, que enseñan aquella supereminente grandeza de su poder; que oran nuestro Dios os tenga por dignos de su vocación, é hincha de bondad todo buen intento y que declaran que todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia.

Error 9

Error: La gracia y el libre albedrío son causas parciales que juntas obran el comienzo de la conversión. En el orden de estas causas la gracia no precede a la operación de la voluntad. Dios no ayuda eficazmente a la voluntad del hombre a venir a la conversión hasta que la voluntad del hombre se mueve a sí misma y se determina a hacer esto.

Refutación: La iglesia primitiva hace mucho tiempo condenó esta doctrina de los pelagianos según las palabras del apóstol: no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. También: ¿ó qué tienes que no hayas recibido? Y: Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer.

Quinto Punto de Doctrina: La Perseverancia de los Santos

Artículos

Artículo 1: Los Regenerados No Libres del Pecado que Mora en Ellos

A aquellos a quienes Dios conforme a su propósito llama a la comunión de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y regenera por su Espíritu Santo, ciertamente los libra del dominio y la esclavitud del pecado, pero no enteramente, en esta vida, de la carne y del cuerpo de pecado.

Artículo 2: Pecados Diarios de Debilidad

Por tanto brotan pecados diarios de debilidad y defectos se adhieren aun a las mejores obras de los santos. Estos son para ellos una constante razón para humillarse ante Dios, para huir al Cristo crucificado, para dar muerte a la carne cada vez más por el Espíritu de oración y por santos ejercicios de piedad, y para anhelar y esforzarse por la meta de la perfección hasta que al fin, librados de este cuerpo de muerte, reinen con el Cordero de Dios en el cielo.

Artículo 3: Dios Preserva a los Suyos

A causa de estos remanentes del pecado que mora en ellos y también a causa de las tentaciones del mundo y de Satanás, aquellos que han sido convertidos no podrían permanecer en pie en aquella gracia si fueran dejados a su propia fuerza. Pero Dios es fiel, quien misericordiosamente los confirma en la gracia una vez conferida a ellos y poderosamente los preserva en aquella gracia hasta el fin.

Artículo 4: Los Santos Pueden Caer en Pecados Graves

Aunque el poder de Dios por el cual confirma y preserva a los verdaderos creyentes en la gracia es tan grande que no puede ser vencido por la carne, sin embargo los convertidos no siempre son tan guiados y movidos por Dios que no puedan en ciertas acciones particulares desviarse por su propia culpa de la guía de la gracia y ser seducidos por los deseos de la carne y ceder a ellos. Deben por tanto velar y orar constantemente para no ser llevados a la tentación. Cuando no velan y oran, no solo pueden ser arrastrados por la carne, el mundo y Satanás a pecados graves y atroces, sino que con el justo permiso de Dios a veces son en realidad arrastrados. La lamentable caída de David, Pedro y otros santos, descrita en la Santa Escritura, demuestra esto.

Artículo 5: Los Efectos de Tales Pecados Graves

Por tan crasos pecados, sin embargo, ofenden grandemente a Dios, incurren en la culpa de muerte, contristan al Espíritu Santo, suspenden el ejercicio de la fe, hieren gravemente sus conciencias y a veces por un tiempo pierden el sentido del favor de Dios, hasta que vuelven al camino recto por medio del sincero arrepentimiento y el rostro paternal de Dios de nuevo resplandece sobre ellos.

Artículo 6: Dios No Permitirá que Sus Elegidos Se Pierdan

Porque Dios, que es rico en misericordia, conforme al inmutable propósito de su elección, no retira completamente su Espíritu Santo de los suyos aun en su deplorable caída. Ni permite que se hundan tan profundo que caigan de la gracia de la adopción y del estado de la justificación, o cometan el pecado de muerte o el pecado contra el Espíritu Santo y, totalmente abandonados por él, se precipiten a sí mismos en la ruina eterna.

Artículo 7: Dios de Nuevo Renovará a Sus Elegidos al Arrepentimiento

Porque en primer lugar, en su caída, él preserva en ellos su imperecedera semilla de regeneración, de modo que no perece ni es desechada. Además, por su Palabra y Espíritu cierta y eficazmente los renueva al arrepentimiento. Como resultado se afligen de corazón con una tristeza piadosa por los pecados que han cometido; buscan y obtienen por la fe con un corazón contrito el perdón en la sangre del Mediador; experimentan de nuevo el favor de un Dios reconciliado y adoran sus misericordias y fidelidad. Y de ahí en adelante se ocupan más diligentemente en su propia salvación con temor y temblor.

Artículo 8: La Gracia del Dios Trino Preserva

Así que no es por sus propios méritos o fuerza sino por la inmerecida misericordia de Dios que ni caen totalmente de la fe y la gracia ni permanecen en su caída y son finalmente perdidos. Con respecto a ellos mismos esto no solo podría fácilmente suceder sino que sin duda sucedería. Pero con respecto a Dios esto no puede de ninguna manera suceder, puesto que su consejo no puede ser cambiado, su promesa no puede fallar, el llamamiento conforme a su propósito no puede ser revocado, el mérito, la intercesión y la preservación de Cristo no pueden ser anulados, y el sello del Espíritu Santo no puede ser ni frustrado ni destruido.

Artículo 9: La Seguridad de Esta Preservación

Los creyentes mismos pueden estar ciertos de esta preservación de los elegidos para salvación y de la perseverancia de los verdaderos creyentes en la fe. Y en efecto están ciertos según la medida de su fe, por la cual creen firmemente que son y siempre permanecerán miembros verdaderos y vivos de la iglesia, y que tienen el perdón de los pecados y la vida eterna.

Artículo 10: La Fuente de Esta Seguridad

Esta seguridad no es producida por cierta revelación privada además de la Palabra o fuera de ella, sino por la fe en las promesas de Dios, que él ha revelado abundantísimamente en su Palabra para nuestro consuelo; por el testimonio del Espíritu Santo, que atestigua con nuestro espíritu que somos hijos y herederos de Dios; y, finalmente, por la seria y santa búsqueda de una conciencia limpia y de buenas obras. Y si los elegidos de Dios no tuvieran en este mundo el sólido consuelo de obtener la victoria y esta infalible prenda de la gloria eterna, serían de todos los hombres los más miserables.

Artículo 11: Esta Seguridad No Siempre Se Siente

Mientras tanto, la Escritura testifica que los creyentes en esta vida tienen que luchar con diversas dudas de la carne y, puestos bajo severa tentación, no siempre sienten esta plena seguridad de la fe y certeza de la perseverancia. Pero Dios, el Padre de todo consuelo, no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas, sino que con la tentación también proveerá la salida, y por el Espíritu Santo de nuevo reavivará en ellos la certeza de la perseverancia.

Artículo 12: Esta Seguridad Es un Incentivo a la Piedad

Esta certeza de la perseverancia, sin embargo, lejos de hacer soberbios y autocomplacientes a los verdaderos creyentes, es más bien la verdadera raíz de la humildad, la reverencia filial, la genuina piedad, la resistencia en toda lucha, las fervientes oraciones, la constancia en el sufrimiento y en la confesión de la verdad, y el gozo duradero en Dios. Además, la consideración de este beneficio es para ellos un incentivo a la seria y constante práctica de la gratitud y las buenas obras, como es evidente por los testimonios de la Escritura y los ejemplos de los santos.

Artículo 13: Esta Seguridad No Conduce a la Negligencia

Tampoco esta renovada confianza produce descuido o negligencia de la piedad en aquellos que han sido restaurados después de su caída; más bien, produce en ellos una preocupación mucho mayor de observar cuidadosamente los caminos del Señor, que él preparó de antemano. Observan estos caminos a fin de que andando en ellos retengan la certeza de su perseverancia. Entonces el rostro de su clemente Dios no se apartará de ellos de nuevo a causa de su abuso de la paternal bondad de Dios, con el resultado de que caerían en aún mayor angustia de espíritu. En efecto, para aquellos que temen a Dios la contemplación de su rostro es más dulce que la vida, pero su retiro es más amargo que la muerte.

Artículo 14: El Uso de los Medios en la Perseverancia

Así como le ha placido a Dios comenzar esta obra de gracia en nosotros por la predicación del evangelio, así la mantiene, continúa y perfecciona por el oír y leer su Palabra, por la meditación en ella, por sus exhortaciones, amenazas y promesas, y por el uso de los sacramentos.

Artículo 15: Esta Doctrina Es Odiada por Satanás pero Amada por la Iglesia

Esta doctrina de la perseverancia de los verdaderos creyentes y santos, y de su seguridad de ella, Dios la ha revelado muy abundantemente en su Palabra para la gloria de su nombre y para el consuelo de los piadosos, y la imprime en los corazones de los creyentes. Es algo que la carne no entiende, Satanás odia, el mundo ridiculiza, los ignorantes y los hipócritas abusan, y los herejes atacan. La Esposa de Cristo, por otra parte, siempre ha amado esta doctrina muy tiernamente y la ha defendido firmemente como un tesoro de inestimable valor; y Dios, contra quien ningún consejo puede prevalecer y ninguna fuerza puede imponerse, cuidará de que ella continúe haciéndolo. A este solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, sean el honor y la gloria para siempre. Amén.

Rechazo de los Errores

Habiendo explicado la verdadera doctrina de la perseverancia de los santos, el Sínodo rechaza los siguientes errores:

Error 1

Error: La perseverancia de los verdaderos creyentes no es un fruto de la elección ni un don de Dios obtenido por la muerte de Cristo, sino una condición del nuevo pacto, que el hombre antes de su llamada elección decisiva y justificación debe cumplir por su libre albedrío.

Refutación: La Santa Escritura testifica que la perseverancia se sigue de la elección y es dada a los elegidos en virtud de la muerte, resurrección e intercesión de Cristo: la elección lo ha alcanzado: y los demás fueron endurecidos. También: El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros.

Error 2

Error: Dios en efecto provee al creyente de fuerza suficiente para perseverar, y está dispuesto a preservar esto en él si él cumple su deber. Pero aun con todas aquellas cosas dispuestas que son necesarias para perseverar en la fe y que Dios usará para preservar la fe, todavía depende siempre de la decisión de la voluntad del hombre si perseverará o no.

Refutación: Esta idea contiene abierto pelagianismo. Aunque quiere hacer libres a los hombres, los hace ladrones del honor de Dios. Está en conflicto con la constante enseñanza del evangelio, que quita al hombre toda causa de jactancia, y atribuye toda la alabanza por este beneficio a la sola gracia de Dios. Es también contrario al testimonio del apóstol: os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta.

Error 3

Error: Los verdaderos creyentes regenerados no solo pueden caer completa y definitivamente de la fe justificante y también de la gracia y la salvación, sino que en efecto a menudo caen de ellas y se pierden para siempre.

Refutación: Esta opinión anula la gracia de la justificación y regeneración y la continua preservación por Cristo, contrario a las claras palabras del apóstol Pablo: siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Y contrario al apóstol Juan: Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él, y también a las palabras de Jesucristo: yo les doy vida eterna: y no perecerán para siempre.

Error 4

Error: Los verdaderos creyentes regenerados pueden cometer el pecado que lleva a la muerte o el pecado contra el Espíritu Santo.

Refutación: El mismo apóstol Juan, después de hablar de aquellos que cometen el pecado que lleva a la muerte y de prohibir la oración por ellos, inmediatamente añade: cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda á sí mismo.

Error 5

Error: Sin una revelación especial no podemos tener certeza de la perseverancia futura en esta vida.

Refutación: Por esta doctrina se quita el seguro consuelo de los verdaderos creyentes en esta vida, y la duda de los seguidores del papa es de nuevo introducida en la iglesia. Las Santas Escrituras, sin embargo, siempre deducen esta seguridad, no de una revelación especial y extraordinaria, sino de las marcas peculiares de los hijos de Dios y de las muy constantes promesas de Dios. Así especialmente el apóstol Pablo declara que nada en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor (Romanos 8:39). Y Juan escribe: el que guarda sus mandamientos, está en él, y él en él.

Error 6

Error: Por su misma naturaleza la doctrina de la certeza de la perseverancia y la salvación causa falsa seguridad y es dañina para la piedad, las buenas costumbres, las oraciones y otros santos ejercicios. Por el contrario, es loable dudar.

Refutación: Este error ignora el eficaz poder de la gracia de Dios y la operación del Espíritu Santo que mora en nosotros. Contradice al apóstol Juan, que enseña lo contrario con estas claras palabras: ahora somos hijos de Dios. Además, es refutado por el ejemplo de los santos tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que, aunque estaban ciertos de su perseverancia y salvación, sin embargo continuaron en oración y otros ejercicios de piedad.

Error 7

Error: La fe de aquellos que creen por un tiempo no difiere de la fe justificante y salvadora excepto con respecto a su duración.

Refutación: En Mateo 13:20-23 y Lucas 8:13-15 Cristo mismo indica claramente, además de esta duración, una triple diferencia entre aquellos que creen solo por un tiempo y los verdaderos creyentes. Declara que los primeros reciben la semilla en terreno pedregoso, pero los segundos en buena tierra, o en un buen corazón; que los primeros están sin raíz, pero los segundos tienen una raíz firme; y que los primeros están sin fruto, pero los segundos dan fruto en variada medida, constante y firmemente.

Error 8

Error: No es absurdo que uno, habiendo perdido su primera regeneración, sea de nuevo e incluso a menudo nacido otra vez.

Refutación: Esta doctrina niega que la semilla de Dios, por la cual somos nacidos de nuevo, sea imperecedera, contrario al testimonio del apóstol Pedro: Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible.

Error 9

Error: Cristo no oró en ninguna parte que los creyentes continuaran infaliblemente en la fe.

Refutación: Esto contradice a Cristo mismo, que dice: yo he rogado por ti que tu fe no falte. También contradice al apóstol Juan, que declara que Cristo no oró solo por los apóstoles, sino también por todos los que creerían por medio de su palabra: guárdalos por tu nombre (cf. Juan 17:20).

Conclusión

Esta es la clara, sencilla y llana explicación de la doctrina ortodoxa con respecto a los cinco artículos en disputa en los Países Bajos, así como el rechazo de los errores por los cuales las iglesias han sido por algún tiempo perturbadas. El Sínodo juzga que esta explicación y rechazo están tomados de la Palabra de Dios y en concordancia con las confesiones de las iglesias reformadas. De ahí que claramente aparezca que algunos han actuado muy impropiamente y contra toda verdad, equidad y amor al querer persuadir al público de lo siguiente:

Que la doctrina de las iglesias reformadas respecto a la predestinación y temas relacionados, por su mismo carácter y tendencia, aparta los corazones de los hombres de toda piedad y religión.

Que es un opiáceo para la carne administrado por el diablo, y una fortaleza de Satanás, donde acecha a todos, hiere a multitudes y traspasa mortalmente a muchos con los dardos tanto de la desesperación como de la falsa seguridad.

Que hace a Dios autor del pecado, un tirano injusto e hipócrita; y no es nada más que un renovado estoicismo, maniqueísmo, libertinismo y mahometismo.

Que conduce al descuido pecaminoso, puesto que hace creer a las personas que nada puede impedir la salvación de los elegidos, sin importar cómo vivan, y que, por tanto, pueden con seguridad cometer los crímenes más atroces. Por otra parte, no contribuiría en lo más mínimo a la salvación de los réprobos, aun cuando hubieran realizado todas las obras de los santos.

Que la misma doctrina enseña que Dios ha predestinado y creado la mayor parte del mundo para condenación eterna por un mero acto arbitrario de su voluntad, sin tener en cuenta pecado alguno.

Que de la misma manera en que la elección es la fuente y causa de la fe y las buenas obras, la reprobación es la causa de la incredulidad y la impiedad.

Que muchos niños inocentes de los creyentes son arrancados de los pechos de sus madres y tiránicamente arrojados al infierno, de modo que ni la sangre de Cristo ni su bautismo ni las oraciones de la iglesia en su bautismo pueden serles de ayuda alguna.

Y hay muchas más enseñanzas de esta clase que las iglesias reformadas no solo no confiesan sino que incluso detestan de todo corazón.

Por tanto, este Sínodo de Dort conjura, en el nombre del Señor, a todos los que piadosamente invocan a nuestro Salvador Jesucristo a no juzgar la fe de las iglesias reformadas por la calumnia recogida de aquí y de allá. Tampoco han de juzgar por declaraciones personales de algunos maestros antiguos o modernos, a menudo citadas de mala fe, o sacadas de contexto y explicadas contrario a su significado. Sino que se debe juzgar la fe de las iglesias reformadas por las confesiones públicas de estas mismas iglesias y por la presente explicación de la doctrina ortodoxa, confirmada por el unánime consentimiento de los miembros de todo el Sínodo, todos y cada uno.

Además, el Sínodo advierte a los calumniadores mismos que consideren cuán severo juicio de Dios aguarda a aquellos que dan falso testimonio contra tantas iglesias y sus confesiones, perturban las conciencias de los débiles y tratan de hacer a muchos sospechosos de la comunidad de los verdaderos creyentes.

Finalmente, este Sínodo exhorta a todos los compañeros ministros en el evangelio de Cristo a conducirse de manera temerosa de Dios y reverente cuando traten esta doctrina en escuelas e iglesias. Al enseñarla, tanto al hablar como al escribir, deben buscar la gloria del nombre de Dios, la santidad de la vida y el consuelo de las almas afligidas. Su pensar y hablar acerca de esta doctrina debe estar en concordancia con la Escritura según la analogía de la fe. Y deben abstenerse de todas aquellas expresiones que exceden los límites prescritos del verdadero significado de las Santas Escrituras y que pueden dar a los desvergonzados sofistas una buena oportunidad de mofarse de la doctrina de las iglesias reformadas, o incluso de calumniarla.

Que Jesucristo, el Hijo de Dios, que está sentado a la diestra del Padre y da dones a los hombres, nos santifique en la verdad, lleve a la verdad a aquellos que yerran, silencie a los calumniadores de la sana doctrina y equipe a los fieles ministros de su Palabra con el Espíritu de sabiduría y discreción, para que todo lo que digan tienda a la gloria de Dios y a la edificación de aquellos que los oyen. Amén.