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El Catecismo de Heidelberg

1563 · Continental Reformed

The Heidelberg Catechism was written in 1563 by Zacharias Ursinus and Caspar Olevianus at the request of Elector Frederick III of the Palatinate. It is organized into three parts: human misery, human redemption, and gratitude. Its opening question, 'What is your only comfort in life and in death?' is among the most beloved statements in Reformed theology. It is one of the Three Forms of Unity used in Reformed churches alongside the Belgic Confession and the Canons of Dort.

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El Catecismo de Heidelberg

Escrito por Zacharias Ursinus y Caspar Olevianus, 1563

Día del Señor 1

P. 1. ¿Cuál es su único consuelo en la vida y en la muerte?
R. Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo, quien con su preciosa sangre ha satisfecho plenamente por todos mis pecados, y me ha redimido de todo el poder del diablo; y de tal manera me preserva que sin la voluntad de mi Padre celestial no puede caer un solo cabello de mi cabeza; más aún, que todas las cosas han de obrar juntamente para mi salvación. Por lo cual, por su Espíritu Santo, él también me asegura la vida eterna, y me hace de corazón dispuesto y presto para vivir para él de aquí en adelante. (Romanos 14:7-8; 1 Corintios 6:19; 1 Corintios 3:23; 1 Pedro 1:18-19; 1 Juan 1:7; 2:2; 1 Juan 3:8; Juan 6:39; Mateo 10:29-30; Lucas 21:18; Romanos 8:28; 2 Corintios 1:21-22; Efesios 1:13-14; Romanos 8:16; Romanos 8:1)

P. 2. ¿Cuántas cosas es necesario que usted sepa, para que en este consuelo pueda vivir y morir felizmente?
R. Tres cosas: primero, la grandeza de mi pecado y miseria. Segundo, cómo soy redimido de todos mis pecados y miseria. Tercero, cómo he de ser agradecido a Dios por tal redención. (Lucas 24:46-47; 1 Corintios 6:11; Tito 3:3-7; Juan 9:41; 15:22; Juan 17:3; Efesios 5:8-11; 1 Pedro 2:9-12; Romanos 6:11-14)

Parte I: La miseria del hombre

Día del Señor 2

P. 3. ¿De dónde conoce usted su miseria?
R. De la ley de Dios. (Romanos 3:20)

P. 4. ¿Qué requiere de nosotros la ley de Dios?
R. Cristo nos enseña en suma, en Mateo 22: 37 Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. 38 Este es el primero y el grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40; Lucas 10:27)

P. 5. ¿Puede usted guardar todo esto perfectamente?
R. No, porque soy inclinado por naturaleza a aborrecer a Dios y a mi prójimo. (Romanos 3:10-12, 23; 1 Juan 1:8, 10; Romanos 8:7; Efesios 2:3)

Día del Señor 3

P. 6. ¿Creó Dios al hombre así, malvado y perverso?
R. No, sino que Dios creó al hombre bueno y conforme a su propia imagen, es decir, en justicia y verdadera santidad, para que conociera rectamente a Dios su Creador, le amara de corazón y viviera con él en bienaventuranza eterna, para alabarle y glorificarle. (Génesis 1:31; Génesis 1:26-27; 2 Corintios 3:18; Colosenses 3:10; Efesios 4:24)

P. 7. ¿De dónde, entonces, procede esta naturaleza depravada del hombre?
R. De la caída y desobediencia de nuestros primeros padres, Adán y Eva, en el Paraíso, por lo cual nuestra naturaleza quedó tan corrompida que todos somos concebidos y nacidos en pecado. (Génesis 3; Romanos 5:12, 18-19; Salmo 51:5)

P. 8. ¿Pero estamos tan depravados que somos completamente incapaces de todo bien e inclinados a todo mal?
R. Sí, a menos que nazcamos de nuevo por el Espíritu de Dios. (Juan 3:6; Génesis 6:5; Job 14:4; Isaías 53:6; Juan 3:5)

Día del Señor 4

P. 9. ¿No comete entonces Dios injusticia con el hombre al requerir de él en su ley lo que no puede cumplir?
R. No, porque Dios hizo al hombre de tal manera que pudiera cumplirla; pero el hombre, por instigación del diablo, mediante desobediencia voluntaria se privó a sí mismo y a todos sus descendientes de aquellos dones divinos. (Efesios 4:24; Romanos 5:12)

P. 10. ¿Dejará Dios que tal desobediencia y apostasía queden sin castigo?
R. Ciertamente no, sino que está terriblemente disgustado con nuestros pecados innatos así como con nuestros pecados actuales, y los castigará en justo juicio en el tiempo y en la eternidad, como él ha declarado: Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas. (Hebreos 9:27; Deuteronomio 27:26; Gálatas 3:10)

P. 11. ¿Pero no es Dios también misericordioso?
R. Dios es en verdad misericordioso, pero es asimismo justo; su justicia por tanto requiere que el pecado que se comete contra la más alta majestad de Dios, sea castigado con castigo extremo, es decir, con castigo eterno tanto de cuerpo como de alma. (Éxodo 34:6-7; Éxodo 20:5; Salmo 5:5-6; 2 Corintios 6:14-16)

Parte II: La redención del hombre

Día del Señor 5

P. 12. Puesto que, entonces, por el justo juicio de Dios merecemos castigo temporal y eterno, ¿cómo podemos escapar de este castigo y ser de nuevo recibidos en gracia?
R. Dios quiere que su justicia sea satisfecha; por tanto, debemos hacer plena satisfacción a esa justicia, ya sea por nosotros mismos o por otro. (Éxodo 20:5; 23:7; Romanos 8:3-4)

P. 13. ¿Podemos nosotros mismos hacer esta satisfacción?
R. Ciertamente no; por el contrario, cada día aumentamos nuestra culpa. (Job 9:2-3; 15:15-16; Mateo 6:12)

P. 14. ¿Puede alguna mera criatura hacer satisfacción por nosotros?
R. Ninguna; porque primero, Dios no castigará a ninguna otra criatura por el pecado que el hombre cometió; y además, ninguna mera criatura puede sostener la carga de la ira eterna de Dios contra el pecado y redimir a otros de ella. (Hebreos 2:14-18; Salmo 130:3)

P. 15. ¿Qué clase de mediador y redentor, entonces, debemos buscar?
R. Uno que sea hombre verdadero y justo, y sin embargo más poderoso que todas las criaturas, es decir, uno que sea también Dios verdadero. (1 Corintios 15:21-22, 25-26; Jeremías 13:16; Isaías 53:11; 2 Corintios 5:21; Hebreos 7:15-16; Isaías 7:14; Hebreos 7:26)

Día del Señor 6

P. 16. ¿Por qué debe ser hombre verdadero y justo?
R. Porque la justicia de Dios requiere que la misma naturaleza humana que ha pecado haga satisfacción por el pecado; pero uno que es él mismo pecador no puede satisfacer por otros. (Romanos 5:15; Isaías 53:3-5)

P. 17. ¿Por qué debe ser también Dios verdadero?
R. Para que por el poder de su divinidad pudiera llevar en su humanidad la carga de la ira de Dios, y así obtener y restaurar para nosotros justicia y vida. (Isaías 53:8; Hechos 2:24; Juan 3:16; Hechos 20:28; 1 Juan 1:2)

P. 18. ¿Pero quién es ahora ese Mediador, que en una sola persona es Dios verdadero y también hombre verdadero y justo?
R. Nuestro Señor Jesucristo, quien nos es dado gratuitamente para completa redención y justicia. (Mateo 1:23; 1 Timoteo 3:16; Lucas 2:11; 1 Corintios 1:30)

P. 19. ¿De dónde sabe usted esto?
R. Del santo evangelio, que Dios mismo reveló primero en el Paraíso, después proclamó por medio de los santos patriarcas y profetas, y prefiguró por medio de los sacrificios y otras ceremonias de la ley, y finalmente cumplió por medio de su amado Hijo. (Génesis 3:15; Génesis 22:18; 49:10-11; Romanos 1:2; Hebreos 1:1; Hechos 3:22-24; 10:43; Juan 5:46; Hebreos 10:7; Romanos 10:4; Gálatas 4:4-5)

Día del Señor 7

P. 20. ¿Son entonces todos los hombres salvos por Cristo así como perecieron en Adán?
R. No, solo aquellos que por verdadera fe son injertados en él y reciben todos sus beneficios. (Juan 1:12-13; 1 Corintios 15:22; Salmo 2:12; Romanos 11:20; Hebreos 4:2-3; 10:39)

P. 21. ¿Qué es la verdadera fe?
R. La verdadera fe no es solo un conocimiento seguro por el cual tengo por verdad todo lo que Dios nos ha revelado en su Palabra, sino también una cordial confianza, que el Espíritu Santo obra en mí por el evangelio, de que no solo a otros, sino también a mí, me son dados gratuitamente por Dios el perdón de los pecados, la justicia eterna y la salvación, meramente por gracia, solo por causa de los méritos de Cristo. (Santiago 1:6; Romanos 4:16-18; 5:1; 2 Corintios 4:13; Filipenses 1:19, 29; Romanos 1:16; 10:17; Hebreos 11:1-2; Romanos 1:17; Efesios 2:7-9; Romanos 3:24-25; Gálatas 2:16)

P. 22. ¿Qué, entonces, es necesario que un cristiano crea?
R. Todo lo que se nos promete en el evangelio, que los artículos de nuestra fe cristiana católica e indudable nos enseñan en resumen. (Juan 20:31; Mateo 28:20)

P. 23. ¿Cuáles son estos artículos?
R. Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor: que fue concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; desde allí vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo y la vida eterna.

Día del Señor 8

P. 24. ¿Cómo se dividen estos artículos?
R. En tres partes: la primera es de Dios el Padre y nuestra creación; la segunda, de Dios el Hijo y nuestra redención; la tercera, de Dios el Espíritu Santo y nuestra santificación. (1 Pedro 1:2)

P. 25. Puesto que hay un solo Ser Divino, ¿por qué habla usted de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo?
R. Porque Dios se ha revelado así en su Palabra, que estas tres personas distintas son el único, verdadero y eterno Dios. (Deuteronomio 6:4; Isaías 61:1; Salmo 110:1; Mateo 3:16-17; 28:19; 1 Juan 5:7)

Dios el Padre

Día del Señor 9

P. 26. ¿Qué cree usted cuando dice: "Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra"?
R. Que el eterno Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien de la nada hizo el cielo y la tierra con todo lo que hay en ellos, quien igualmente los sostiene y gobierna por su eterno consejo y providencia, es por causa de Cristo, su Hijo, mi Dios y mi Padre, en quien de tal manera confío que no tengo duda alguna de que me proveerá de todas las cosas necesarias para el cuerpo y el alma; y además, que cualquier mal que él me envíe en este valle de lágrimas, lo tornará para mi bien; porque puede hacerlo, siendo Dios todopoderoso, y también quiere hacerlo, siendo un Padre fiel. (Génesis 1:31; Salmo 33:6; Salmo 104:2-5; Mateo 10:30; Hebreos 1:3; Salmo 115:3; Juan 1:12; Romanos 8:15; Gálatas 4:5-7; Efesios 1:5; Salmo 55:22; Mateo 6:25-26; Lucas 12:22-24; Salmo 90:1-2; Romanos 8:28; Romanos 10:12; Mateo 7:9-11)

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P. 27. ¿Qué entiende usted por la providencia de Dios?
R. El poder todopoderoso y omnipresente de Dios, por el cual, como por su mano, aún sostiene el cielo y la tierra con todas las criaturas, y de tal manera los gobierna que las hierbas y el pasto, la lluvia y la sequía, los años fructíferos y estériles, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, las riquezas y la pobreza, en verdad, todas las cosas no vienen por casualidad, sino por su mano paternal. (Hechos 17:25-26; Hebreos 1:3; Jeremías 5:24; Juan 9:3; Proverbios 22:2)

P. 28. ¿Qué nos aprovecha saber que Dios creó, y por su providencia sostiene, todas las cosas?
R. Que podamos ser pacientes en la adversidad, agradecidos en la prosperidad y, para lo futuro, tener buena confianza en nuestro fiel Dios y Padre, de que ninguna criatura nos separará de su amor, puesto que todas las criaturas están de tal manera en su mano, que sin su voluntad no pueden ni siquiera moverse. (Romanos 5:3; Santiago 1:3; Job 1:21; Deuteronomio 8:10; 1 Tesalonicenses 5:18; Romanos 8:35, 38-39; Job 1:12; Hechos 17:25-28; Proverbios 21:1)

Dios el Hijo

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P. 29. ¿Por qué es llamado el Hijo de Dios "Jesús", es decir, Salvador?
R. Porque él nos salva de todos nuestros pecados, y porque la salvación no ha de buscarse ni hallarse en ningún otro. (Mateo 1:21; Hebreos 7:25; Hechos 4:12)

P. 30. ¿Creen también en el único Salvador Jesús aquellos que buscan su salvación y bienestar en los "santos", en sí mismos o en cualquier otra parte?
R. No; aunque se glorían de él, sin embargo con sus obras niegan al único Salvador Jesús; porque o Jesús no es un Salvador completo, o quienes por verdadera fe reciben a este Salvador, deben tener en él todo lo necesario para su salvación. (1 Corintios 1:13, 30-31; Gálatas 5:4; Isaías 9:7; Colosenses 1:20; 2:10; Juan 1:16)

Día del Señor 12

P. 31. ¿Por qué es llamado "Cristo", es decir, Ungido?
R. Porque es ordenado por Dios el Padre y ungido con el Espíritu Santo para ser nuestro principal Profeta y Maestro, quien nos ha revelado plenamente el secreto consejo y la voluntad de Dios acerca de nuestra redención; y nuestro único sumo Sacerdote, quien por el único sacrificio de su cuerpo, nos ha redimido, y vive siempre para interceder por nosotros ante el Padre; y nuestro eterno Rey, quien nos gobierna por su Palabra y Espíritu, y nos defiende y preserva en la redención obtenida para nosotros. (Hebreos 1:9; Deuteronomio 18:15; Hechos 3:22; Juan 1:18; 15:15; Salmo 110:4; Hebreos 7:21; Romanos 5:9-10; Salmo 2:6; Lucas 1:33; Mateo 28:18)

P. 32. ¿Pero por qué es usted llamado cristiano?
R. Porque por la fe soy miembro de Cristo y así partícipe de su unción, a fin de que yo también confiese su Nombre, me presente a él como sacrificio vivo de agradecimiento, y con conciencia libre luche contra el pecado y el diablo en esta vida, y después en la eternidad reine con él sobre todas las criaturas. (Hechos 11:26; 1 Juan 2:27; Hechos 2:17; Marcos 8:38; Romanos 12:1; Apocalipsis 5:8, 10; 1 Pedro 2:9; Apocalipsis 1:6; 1 Timoteo 1:18-19; 2 Timoteo 2:12)

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P. 33. ¿Por qué es llamado el "unigénito Hijo" de Dios, puesto que nosotros también somos hijos de Dios?
R. Porque solo Cristo es el eterno y natural Hijo de Dios, pero nosotros somos hijos de Dios por adopción, por gracia, por causa de él. (Juan 1:14, 18; Romanos 8:15-17; Efesios 1:5-6)

P. 34. ¿Por qué le llama usted "nuestro Señor"?
R. Porque no con plata ni con oro, sino con su preciosa sangre, nos ha redimido y comprado, cuerpo y alma, del pecado y de todo el poder del diablo, para ser suyos. (1 Pedro 1:18-19; 2:9; 1 Corintios 6:20; 7:23)

Día del Señor 14

P. 35. ¿Cuál es el significado de "concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María"?
R. Que el eterno Hijo de Dios, quien es y permanece Dios verdadero y eterno, tomó sobre sí la verdadera naturaleza del hombre, de la carne y sangre de la virgen María, por la operación del Espíritu Santo; para que él también fuera la verdadera simiente de David, semejante a sus hermanos en todo, excepto en el pecado. (Juan 1:1; Romanos 1:3-4; Romanos 9:5; Gálatas 4:4; Juan 1:14; Mateo 1:18-20; Lucas 1:35; Salmo 132:11; Filipenses 2:7; Hebreos 4:15)

P. 36. ¿Qué beneficio recibe usted de la santa concepción y nacimiento de Cristo?
R. Que él es nuestro Mediador, y con su inocencia y perfecta santidad cubre, a la vista de Dios, mi pecado, en el cual fui concebido. (Hebreos 2:16-17; Salmo 32:1)

Día del Señor 15

P. 37. ¿Qué entiende usted por la palabra "padeció"?
R. Que todo el tiempo que vivió en la tierra, pero especialmente al final de su vida, llevó, en cuerpo y alma, la ira de Dios contra el pecado de todo el género humano; a fin de que por su padecimiento, como el único sacrificio expiatorio, pudiera redimir nuestro cuerpo y alma de la condenación eterna, y obtener para nosotros la gracia de Dios, la justicia y la vida eterna. (1 Pedro 2:24; Isaías 53:12; 1 Juan 2:2; 4:10; Romanos 3:25-26)

P. 38. ¿Por qué padeció "bajo el poder de Poncio Pilato" como juez?
R. Para que él, siendo inocente, fuera condenado por el juez temporal, y por ello nos librara del severo juicio de Dios, al cual estábamos expuestos. (Hechos 4:27-28; Lucas 23:13-15; Juan 19:4; Salmo 69:4; 2 Corintios 5:21)

P. 39. ¿Hay algo más en que haya sido "crucificado" que si hubiera padecido alguna otra muerte?
R. Sí, porque por ello estoy seguro de que tomó sobre sí la maldición que pesaba sobre mí, porque la muerte de la cruz era maldita de Dios. (Gálatas 3:13-14; Deuteronomio 21:22-23)

Día del Señor 16

P. 40. ¿Por qué fue necesario que Cristo padeciera la "muerte"?
R. Porque la justicia y la verdad de Dios requerían que la satisfacción por nuestros pecados no pudiera hacerse de ninguna otra manera sino por la muerte del Hijo de Dios. (Génesis 2:17; Hebreos 2:9)

P. 41. ¿Por qué fue "sepultado"?
R. Para mostrar por ello que estaba realmente muerto. (Mateo 27:59-60; Juan 19:38-42; Hechos 13:29)

P. 42. Puesto que, entonces, Cristo murió por nosotros, ¿por qué debemos también morir nosotros?
R. Nuestra muerte no es una satisfacción por nuestro pecado, sino solo un morir al pecado y un entrar en la vida eterna. (Juan 5:24; Filipenses 1:23; Romanos 7:24-25)

P. 43. ¿Qué beneficio adicional recibimos del sacrificio y muerte de Cristo en la cruz?
R. Que por su poder nuestro viejo hombre es con él crucificado, muerto y sepultado; para que las malas concupiscencias de la carne no reinen más en nosotros, sino que nos ofrezcamos a él como sacrificio de acción de gracias. (Romanos 6:6-8; Colosenses 2:12; Romanos 6:12; Romanos 12:1)

P. 44. ¿Por qué se añade: "descendió a los infiernos"?
R. Para que en mis mayores tentaciones esté seguro de que Cristo mi Señor, por su inexpresable angustia, dolores y terrores, que padeció en su alma en la cruz y antes, me ha redimido de la angustia y el tormento del infierno. (Isaías 53:10; Mateo 27:46)

Día del Señor 17

P. 45. ¿Qué beneficio recibimos de la "resurrección" de Cristo?
R. Primero, por su resurrección ha vencido a la muerte, para hacernos partícipes de la justicia que ha obtenido para nosotros por su muerte. Segundo, por su poder también nosotros somos ahora resucitados a una nueva vida. Tercero, la resurrección de Cristo es para nosotros una prenda segura de nuestra bienaventurada resurrección. (1 Corintios 15:15, 17, 54-55; Romanos 4:25; 1 Pedro 1:3-4, 21; Romanos 6:4; Colosenses 3:1-4; Efesios 2:5; 1 Corintios 15:12; Romanos 8:11)

P. 46. ¿Qué entiende usted por las palabras "subió al cielo"?
R. Que Cristo, a la vista de sus discípulos, fue llevado de la tierra al cielo, y permanece allí a favor nuestro hasta que venga otra vez a juzgar a los vivos y a los muertos. (Hechos 1:9; Mateo 26:64; Marcos 16:19; Lucas 24:51; Hebreos 4:14; 7:24-25; 9:11; Romanos 8:34; Efesios 4:10; Hechos 1:11; Mateo 24:30)

P. 47. ¿Pero no está Cristo con nosotros hasta el fin del mundo, como ha prometido?
R. Cristo es hombre verdadero y Dios verdadero. Según su naturaleza humana ahora no está en la tierra, pero según su divinidad, majestad, gracia y Espíritu, en ningún momento está ausente de nosotros. (Mateo 28:20; Mateo 26:11; Juan 16:28; 17:11; Juan 14:17-18; 16:13; Efesios 4:8; Mateo 18:20)

P. 48. ¿Pero no quedan, de esta manera, separadas la una de la otra las dos naturalezas en Cristo, si la humanidad no está dondequiera que esté la divinidad?
R. De ningún modo, porque puesto que la divinidad es incomprensible y está presente en todas partes, debe seguirse que la misma no está limitada por la naturaleza humana que asumió, y sin embargo permanece personalmente unida a ella. (Hechos 7:49; Jeremías 23:24; Colosenses 2:9; Juan 3:13; 11:15; Mateo 28:6)

Día del Señor 18

P. 49. ¿Qué beneficio recibimos de la ascensión de Cristo al cielo?
R. Primero, que él es nuestro Abogado en la presencia de su Padre en el cielo. Segundo, que tenemos nuestra carne en el cielo como prenda segura de que él, como la Cabeza, también nos llevará a nosotros, sus miembros, a sí mismo. Tercero, que nos envía su Espíritu como arras, por cuyo poder buscamos las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios, y no las cosas de la tierra. (1 Juan 2:1; Romanos 8:34; Juan 14:2; 20:17; Efesios 2:6; Juan 14:16; Hechos 2:33; 2 Corintios 5:5; Colosenses 3:1)

P. 50. ¿Por qué se añade: "Y está sentado a la diestra de Dios"?
R. Porque Cristo ascendió al cielo para este fin, para que allí apareciera como la Cabeza de su Iglesia, por quien el Padre gobierna todas las cosas. (Efesios 1:20-23; Colosenses 1:18; Juan 5:22)

Día del Señor 19

P. 51. ¿Qué nos aprovecha esta gloria de Cristo, nuestra Cabeza?
R. Primero, que por su Espíritu Santo derrama dones celestiales sobre nosotros, sus miembros; luego, que por su poder nos defiende y preserva contra todos los enemigos. (Efesios 4:10-12; Salmo 2:9; Juan 10:28-30)

P. 52. ¿Qué consuelo es para usted que Cristo "vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos"?
R. Que en todas mis tristezas y persecuciones, yo, con cabeza erguida, aguardo al mismo que se ofreció por mí al juicio de Dios, y quitó de mí toda maldición, para que venga como Juez del cielo, quien echará a todos sus enemigos y los míos en la condenación eterna, pero me tomará a mí con todos sus escogidos a sí mismo, al gozo y la gloria celestiales. (Lucas 21:28; Romanos 8:23-24; Filipenses 3:20-21; Tito 2:13; 2 Tesalonicenses 1:6, 10; 1 Tesalonicenses 4:16-18; Mateo 25:41)

Dios el Espíritu Santo

Día del Señor 20

P. 53. ¿Qué cree usted acerca del "Espíritu Santo"?
R. Primero, que él es Dios coeterno con el Padre y el Hijo. Segundo, que él también me es dado: por la verdadera fe me hace partícipe de Cristo y de todos sus beneficios, me consuela y permanecerá conmigo para siempre. (Génesis 1:2; Isaías 48:16; 1 Corintios 3:16; 6:19; Hechos 5:3-4; Mateo 28:19; 2 Corintios 1:21-22; 1 Pedro 1:2; 1 Corintios 6:17; Hechos 9:31; Juan 14:16; 1 Pedro 4:14)

Día del Señor 21

P. 54. ¿Qué cree usted acerca de la "santa Iglesia católica"?
R. Que de todo el género humano, desde el principio hasta el fin del mundo, el Hijo de Dios, por su Espíritu y Palabra, reúne, defiende y preserva para sí, para vida eterna, una comunión escogida en la unidad de la verdadera fe; y que yo soy y para siempre permaneceré miembro vivo de esta comunión. (Génesis 26:4; Juan 10:10; Efesios 1:10-13; Romanos 1:16; Isaías 59:21; Romanos 10:14-17; Efesios 5:26; Romanos 8:29-30; Mateo 16:18; Efesios 4:3-6; Hechos 2:46; Salmo 71:18; 1 Corintios 11:26; Juan 10:28-30; 1 Corintios 1:8-9; 1 Juan 3:21; 1 Juan 2:19)

P. 55. ¿Qué entiende usted por la "comunión de los santos"?
R. Primero, que los creyentes, todos y cada uno, como miembros del Señor Jesucristo, son partícipes con él en todos sus tesoros y dones; segundo, que cada uno debe sentirse obligado a usar sus dones pronta y alegremente para el provecho y bienestar de los demás miembros. (1 Juan 1:3; 1 Corintios 12:12-13, 21; 13:5-6; Filipenses 2:4-6)

P. 56. ¿Qué cree usted acerca del "perdón de los pecados"?
R. Que Dios, por causa de la satisfacción de Cristo, no se acordará más de mis pecados, ni de la naturaleza pecaminosa con la cual he de luchar toda mi vida; sino que graciosamente me imputa la justicia de Cristo, para que nunca más venga en condenación. (1 Juan 2:2; 2 Corintios 5:19, 21; Romanos 7:24-25; Salmo 103:3, 10-12; Jeremías 31:34; Romanos 8:1-4; Juan 3:18)

Día del Señor 22

P. 57. ¿Qué consuelo recibe usted de la "resurrección del cuerpo"?
R. Que no solo mi alma, después de esta vida, será inmediatamente llevada a Cristo su Cabeza, sino también que este mi cuerpo, resucitado por el poder de Cristo, será reunido con mi alma, y hecho semejante al cuerpo glorioso de Cristo. (Lucas 23:43; Filipenses 1:21-23; 1 Corintios 15:53-54; Job 19:25-27; 1 Juan 3:2)

P. 58. ¿Qué consuelo recibe usted del artículo "la vida eterna"?
R. Que, por cuanto ahora siento en mi corazón el principio del gozo eterno, después de esta vida poseeré la bienaventuranza completa, tal como ojo no ha visto, ni oído ha escuchado, ni ha entrado en el corazón del hombre, para alabar allí a Dios para siempre. (2 Corintios 5:2-3; 1 Corintios 2:9; Juan 17:3)

Día del Señor 23

P. 59. ¿De qué le sirve ahora que crea usted todo esto?
R. Que soy justo en Cristo delante de Dios, y heredero de la vida eterna. (Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Juan 3:36)

P. 60. ¿Cómo es usted justo delante de Dios?
R. Solo por verdadera fe en Jesucristo: es decir, aunque mi conciencia me acusa de que he pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, y de que nunca he guardado ninguno de ellos, y de que aún soy inclinado siempre a todo mal; sin embargo Dios, sin ningún mérito de mi parte, por mera gracia, me concede e imputa la perfecta satisfacción, justicia y santidad de Cristo, como si nunca hubiera cometido ni tenido pecado alguno, y hubiera yo mismo cumplido toda la obediencia que Cristo ha cumplido por mí; con tal que yo acepte tal beneficio con corazón creyente. (Romanos 3:21-25; Gálatas 2:16; Efesios 2:8-9; Filipenses 3:9; Romanos 3:9-10; Romanos 7:23; Tito 3:5; Romanos 3:24; Efesios 2:8; 1 Juan 2:2; 1 Juan 2:1; Romanos 4:4-5; 2 Corintios 5:19; 2 Corintios 5:21; Juan 3:18)

P. 61. ¿Por qué dice usted que es justo solo por la fe?
R. No porque yo sea acepto a Dios a causa de la dignidad de mi fe, sino porque solo la satisfacción, justicia y santidad de Cristo es mi justicia delante de Dios; y no puedo recibirla ni hacerla mía de ninguna otra manera sino solo por la fe. (1 Corintios 1:30; 2:2; 1 Juan 5:10)

Día del Señor 24

P. 62. ¿Pero por qué no pueden nuestras buenas obras ser el todo o parte de nuestra justicia delante de Dios?
R. Porque la justicia que puede subsistir ante el tribunal de Dios debe ser perfecta en todo y enteramente conforme a la ley divina, pero aun nuestras mejores obras en esta vida son todas imperfectas y contaminadas de pecado. (Gálatas 3:10; Deuteronomio 27:26; Isaías 64:6)

P. 63. ¿No merecen nada nuestras buenas obras, aun cuando es la voluntad de Dios recompensarlas en esta vida y en la venidera?
R. La recompensa no viene por mérito, sino por gracia. (Lucas 17:10)

P. 64. ¿Pero no hace esta doctrina a los hombres descuidados y profanos?
R. No, porque es imposible que quienes son implantados en Cristo por verdadera fe, no lleven frutos de agradecimiento. (Mateo 7:18)

Los sacramentos

Día del Señor 25

P. 65. Puesto que, entonces, somos hechos partícipes de Cristo y de todos sus beneficios solo por la fe, ¿de dónde procede esta fe?
R. El Espíritu Santo obra la fe en nuestros corazones por la predicación del santo evangelio, y la confirma por el uso de los santos sacramentos. (Juan 3:5; Romanos 10:17; Romanos 4:11)

P. 66. ¿Qué son los sacramentos?
R. Los sacramentos son signos y sellos santos visibles instituidos por Dios para este fin, para que por su uso él nos declare y selle más plenamente la promesa del evangelio, a saber, que por su gracia gratuita nos concede el perdón de los pecados y la vida eterna por causa del único sacrificio de Cristo consumado en la cruz. (Génesis 17:11; Romanos 4:11; Deuteronomio 30:6; Hebreos 9:8-9; Ezequiel 20:12)

P. 67. ¿Están tanto la Palabra como los sacramentos destinados a dirigir nuestra fe al sacrificio de Cristo en la cruz como el único fundamento de nuestra salvación?
R. Sí, verdaderamente, porque el Espíritu Santo enseña en el evangelio y nos asegura por los santos sacramentos, que toda nuestra salvación consiste en el único sacrificio de Cristo hecho por nosotros en la cruz. (Romanos 6:3; Gálatas 3:27)

P. 68. ¿Cuántos sacramentos ha instituido Cristo en el Nuevo Testamento?
R. Dos: el santo bautismo y la santa cena.

El santo bautismo

Día del Señor 26

P. 69. ¿Cómo se le significa y sella a usted en el santo bautismo que tiene parte en el único sacrificio de Cristo en la cruz?
R. Así: que Cristo instituyó este lavamiento externo con agua y le unió esta promesa, que soy lavado con su sangre y Espíritu de la contaminación de mi alma, es decir, de todos mis pecados, tan ciertamente como soy lavado externamente con agua, con la cual comúnmente se quita la suciedad del cuerpo. (Mateo 28:19-20; Hechos 2:38; Mateo 3:11; Marcos 16:16; Romanos 6:3-4; Marcos 1:4)

P. 70. ¿Qué es ser lavado con la sangre y el Espíritu de Cristo?
R. Es tener el perdón de los pecados de parte de Dios por gracia, por causa de la sangre de Cristo, que derramó por nosotros en su sacrificio en la cruz; y también ser renovado por el Espíritu Santo y santificado para ser miembros de Cristo, para que cada vez más muramos al pecado y llevemos vidas santas e irreprensibles. (Hebreos 12:24; 1 Pedro 1:2; Apocalipsis 1:5; Zacarías 13:1; Ezequiel 36:25-27; Juan 1:33; 3:3; 1 Corintios 6:11; 12:13)

P. 71. ¿Dónde ha prometido Cristo que somos tan ciertamente lavados con su sangre y Espíritu como con el agua del bautismo?
R. En la institución del bautismo, que dice: Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Esta promesa también se repite donde la Escritura llama al bautismo el lavamiento de la regeneración y el lavamiento de los pecados. (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Tito 3:5; Hechos 22:16)

Día del Señor 27

P. 72. ¿Es, entonces, el lavamiento externo con agua en sí mismo el lavamiento de los pecados?
R. No, porque solo la sangre de Jesucristo y el Espíritu Santo nos limpian de todo pecado. (1 Pedro 3:21; Efesios 5:26; 1 Juan 1:7; 1 Corintios 6:11)

P. 73. ¿Por qué entonces llama el Espíritu Santo al bautismo el lavamiento de la regeneración y el lavamiento de los pecados?
R. Dios habla así con gran causa, a saber, no solo para enseñarnos por ello que, así como la suciedad del cuerpo se quita con agua, así nuestros pecados son quitados por la sangre y el Espíritu de Cristo; sino mucho más, para que por esta prenda y señal divina nos asegure que somos tan realmente lavados de nuestros pecados espiritualmente como nuestros cuerpos son lavados con agua. (Apocalipsis 7:14; Marcos 16:16)

P. 74. ¿Deben también los infantes ser bautizados?
R. Sí, porque puesto que ellos, así como sus padres, pertenecen al pacto y pueblo de Dios, y por medio de la sangre de Cristo tanto la redención del pecado como el Espíritu Santo, que obra la fe, les son prometidos no menos que a sus padres, también han de ser, por el bautismo, como señal del pacto, injertados en la Iglesia cristiana, y distinguidos de los hijos de los incrédulos, como se hacía en el Antiguo Testamento por la circuncisión, en lugar de la cual, en el Nuevo Testamento, se ha instituido el bautismo. (Génesis 17:7; Mateo 19:14; Lucas 1:14-15; Salmo 22:10; Hechos 2:39; Hechos 10:47; Génesis 17:14; Colosenses 2:11-13)

La santa cena

Día del Señor 28

P. 75. ¿Cómo se le significa y sella a usted en la santa cena que participa del único sacrificio de Cristo en la cruz y de todos sus beneficios?
R. Así: que Cristo me ha mandado a mí y a todos los creyentes comer de este pan partido y beber de esta copa en memoria de él, y ha unido a ello estas promesas: primero, que su cuerpo fue ofrecido y partido en la cruz por mí y su sangre derramada por mí, tan ciertamente como veo con mis ojos el pan del Señor partido por mí y la copa comunicada a mí; y además, que con su cuerpo crucificado y su sangre derramada él mismo alimenta y nutre mi alma para vida eterna, tan ciertamente como recibo de la mano del ministro y gusto con mi boca el pan y la copa del Señor, que me son dados como señales ciertas del cuerpo y sangre de Cristo. (Mateo 26:26-28; Marcos 14:22-24; Lucas 22:19-20; 1 Corintios 10:16-17; 11:23-25; 12:13)

P. 76. ¿Qué significa comer el cuerpo crucificado y beber la sangre derramada de Cristo?
R. Significa no solo abrazar con corazón creyente todos los padecimientos y la muerte de Cristo, y por ello obtener el perdón de los pecados y la vida eterna; sino además, también, ser de tal manera unidos cada vez más a su sagrado cuerpo por el Espíritu Santo, quien mora tanto en Cristo como en nosotros, que, aunque él está en el cielo y nosotros en la tierra, somos no obstante carne de su carne y hueso de sus huesos, y vivimos y somos gobernados para siempre por un solo Espíritu, así como los miembros del mismo cuerpo son gobernados por una sola alma. (Juan 6:35, 40, 47-48, 50-54; Juan 6:55-56; Hechos 3:21; 1 Corintios 11:26; Efesios 3:16-19; 5:29-30, 32; 1 Corintios 6:15, 17, 19; 1 Juan 4:13; Juan 14:23; Juan 6:56-58; Juan 15:1-6; Efesios 4:15-16; Juan 6:63)

P. 77. ¿Dónde ha prometido Cristo que así alimentará y nutrirá a los creyentes con su cuerpo y sangre tan ciertamente como comen de este pan partido y beben de esta copa?
R. En la institución de la cena, que dice: 23 Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fué entregado, tomó pan; 24 Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí. 26 Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. Y esta promesa también es repetida por el apóstol Pablo, donde dice: 16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? 17 Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan. (1 Corintios 11:23-26; 1 Corintios 10:16-17)

Día del Señor 29

P. 78. ¿Se convierten, entonces, el pan y el vino en el verdadero cuerpo y sangre de Cristo?
R. No, sino que, así como el agua en el bautismo no se convierte en la sangre de Cristo, ni se vuelve el lavamiento de los pecados en sí mismo, siendo solo la señal y seguridad divina de ello, así también en la cena del Señor el sagrado pan no se convierte en el cuerpo de Cristo mismo, aunque conforme a la naturaleza y el uso de los sacramentos se le llama el cuerpo de Cristo. (Mateo 26:29; 1 Corintios 11:26-28; Éxodo 12:26-27, 43, 48; 1 Corintios 10:1-4)

P. 79. ¿Por qué entonces llama Cristo al pan su cuerpo, y a la copa su sangre, o el nuevo testamento en su sangre; y el apóstol Pablo, la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo?
R. Cristo habla así con gran causa, a saber, no solo para enseñarnos por ello, que así como el pan y el vino sostienen esta vida temporal, así también su cuerpo crucificado y su sangre derramada son la verdadera comida y bebida de nuestras almas para vida eterna; sino mucho más, para asegurarnos por este signo y prenda visible que somos tan realmente partícipes de su verdadero cuerpo y sangre por la operación del Espíritu Santo, como recibimos por la boca del cuerpo estas santas señales en memoria de él; y que todos sus padecimientos y obediencia son tan ciertamente nuestros, como si nosotros mismos hubiéramos padecido y hecho todo en nuestra propia persona. (Juan 6:51-55; 1 Corintios 10:16-17)

Día del Señor 30

P. 80. ¿Qué diferencia hay entre la cena del Señor y la misa del Papa?
R. La cena del Señor nos testifica que tenemos pleno perdón de todos nuestros pecados por el único sacrificio de Jesucristo, que él mismo consumó una vez en la cruz; y que por el Espíritu Santo somos injertados en Cristo, quien, con su verdadero cuerpo está ahora en el cielo a la diestra del Padre, y allí ha de ser adorado. Pero la misa enseña que los vivos y los muertos no tienen perdón de los pecados por medio de los padecimientos de Cristo, a menos que Cristo sea aún ofrecido diariamente por ellos por los sacerdotes, y que Cristo está corporalmente bajo la forma de pan y vino, y por tanto ha de ser adorado en ellos. Y así la misa, en el fondo, no es otra cosa que una negación del único sacrificio y padecimiento de Jesucristo, y una idolatría maldita. (Hebreos 7:27; 9:12, 25-28; 10:10, 12, 14; Juan 19:30; 1 Corintios 6:17; Hebreos 1:3; 8:1; Juan 4:21-24; 20:17; Lucas 24:52; Hechos 7:55; Colosenses 3:1; Filipenses 3:20-21; 1 Tesalonicenses 1:9-10)

P. 81. ¿Quiénes han de venir a la mesa del Señor?
R. Aquellos que están disgustados consigo mismos por sus pecados, pero confían en que estos les son perdonados, y en que su restante debilidad está cubierta por el padecimiento y la muerte de Cristo; que también desean cada vez más fortalecer su fe y enmendar su vida. Pero los impenitentes y los hipócritas comen y beben juicio para sí mismos. (1 Corintios 10:19-22; 11:28-29)

P. 82. ¿Han de ser, entonces, admitidos también a esta cena aquellos que por su confesión y vida se muestran incrédulos e impíos?
R. No, porque por ello el pacto de Dios es profanado y su ira provocada contra toda la congregación; por tanto, la Iglesia cristiana está obligada, según el orden de Cristo y sus apóstoles, a excluir a tales personas por el Oficio de las Llaves hasta que enmienden sus vidas. (1 Corintios 11:20, 34; Isaías 1:11-15; 66:3; Jeremías 7:21-23; Salmo 50:16-17)

Día del Señor 31

P. 83. ¿Qué es el Oficio de las Llaves?
R. La predicación del santo evangelio y la disciplina cristiana; por estas dos el reino de los cielos se abre a los creyentes y se cierra a los incrédulos. (Mateo 16:18-19; 18:18)

P. 84. ¿Cómo se abre y se cierra el reino de los cielos por la predicación del santo evangelio?
R. De esta manera: que, según el mandato de Cristo, se proclama y se testifica abiertamente a los creyentes, todos y cada uno, que tan a menudo como acepten con verdadera fe la promesa del evangelio, todos sus pecados les son realmente perdonados por Dios por causa de los méritos de Cristo; y por el contrario, a todos los incrédulos e hipócritas, que la ira de Dios y la condenación eterna permanecen sobre ellos mientras no sean convertidos. Según este testimonio del evangelio, Dios juzgará a los hombres tanto en esta vida como en la venidera. (Juan 20:21-23)

P. 85. ¿Cómo se cierra y se abre el reino de los cielos por la disciplina cristiana?
R. De esta manera: que, según el mandato de Cristo, si algunos bajo el nombre cristiano se muestran malsanos ya sea en doctrina o en vida, y después de varias amonestaciones fraternales no se apartan de sus errores o malos caminos, son denunciados a la Iglesia o a sus debidos oficiales; y, si descuidan también oírlos a ellos, les son negados por ellos los santos sacramentos y por ello son excluidos de la comunión cristiana, y por Dios mismo del reino de Cristo; y si prometen y muestran verdadera enmienda, son de nuevo recibidos como miembros de Cristo y de su Iglesia. (Mateo 18:15-18; 1 Corintios 5:3-5, 11; 2 Tesalonicenses 3:14-15; 2 Juan 1:10-11)

Parte III: La gratitud

Día del Señor 32

P. 86. Puesto que, entonces, somos redimidos de nuestra miseria por gracia mediante Cristo, sin ningún mérito nuestro, ¿por qué debemos hacer buenas obras?
R. Porque Cristo, habiéndonos redimido por su sangre, también nos renueva por su Espíritu Santo conforme a su propia imagen, para que con toda nuestra vida nos mostremos agradecidos a Dios por su bendición, y para que él sea glorificado por medio de nosotros; luego también, para que nosotros mismos seamos asegurados de nuestra fe por sus frutos; y por nuestro andar piadoso ganemos también a otros para Cristo. (Romanos 6:13; 12:1-2; 1 Pedro 2:5, 9-10; 1 Corintios 6:20; Mateo 5:16; 1 Pedro 2:12; Mateo 7:17-18; Gálatas 5:6, 22-23; Romanos 14:19; 1 Pedro 3:1-2)

P. 87. ¿No pueden, entonces, ser salvos aquellos que no se vuelven a Dios de su vida ingrata e impenitente?
R. De ningún modo, porque, como dice la Escritura, ningún fornicario, idólatra, adúltero, ladrón, avaro, borracho, calumniador ni salteador, ni cosa semejante heredará el reino de Dios. (1 Corintios 6:9-10; Efesios 5:5-6; 1 Juan 3:14-15)

Día del Señor 33

P. 88. ¿En cuántas cosas consiste el verdadero arrepentimiento o conversión?
R. En dos cosas: el morir del viejo hombre y el vivificar del nuevo. (Romanos 6:4-6; Efesios 4:22-24; Colosenses 3:5-10; 1 Corintios 5:7)

P. 89. ¿Qué es el morir del viejo hombre?
R. Cordial tristeza por el pecado, que nos hace aborrecerlo y apartarnos de él cada vez más. (Romanos 8:13; Joel 2:13)

P. 90. ¿Qué es el vivificar del nuevo hombre?
R. Cordial gozo en Dios mediante Cristo, que nos hace deleitarnos en vivir según la voluntad de Dios en toda buena obra. (Romanos 5:1; 14:17; Isaías 57:15; Romanos 8:10-11; Gálatas 2:20)

P. 91. ¿Qué son las buenas obras?
R. Solo aquellas que proceden de verdadera fe, y son hechas según la ley de Dios, para su gloria, y no las que descansan en nuestra propia opinión o en los mandamientos de los hombres. (Romanos 14:23; 1 Samuel 15:22; Efesios 2:10; 1 Corintios 10:31; Deuteronomio 12:32; Ezequiel 20:18, 20; Isaías 29:13; Mateo 15:9)

La ley de Dios

P. 92. ¿Qué es la ley de Dios?
R. Y HABLÓ Dios todas estas palabras, diciendo:

Primer Mandamiento: 2 Yo soy JEHOVÁ tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. 3 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

Segundo Mandamiento: 4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra: 5 No te inclinarás á ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, á los que me aborrecen, 6 Y que hago misericordia en millares á los que me aman, y guardan mis mandamientos.

Tercer Mandamiento: No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

Cuarto Mandamiento: 8 Acordarte has del día del reposo, para santificarlo: 9 Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10 Mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: 11 Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.

Quinto Mandamiento: Honra á tu padre y á tu madre, porque tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

Sexto Mandamiento: No matarás.

Séptimo Mandamiento: No cometerás adulterio.

Octavo Mandamiento: No hurtarás.

Noveno Mandamiento: No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

Décimo Mandamiento: No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. (Éxodo 20; Deuteronomio 5)

Día del Señor 34

P. 93. ¿Cómo se dividen estos mandamientos?
R. En dos tablas: la primera de las cuales enseña, en cuatro mandamientos, qué deberes debemos a Dios; la segunda, en seis, qué deberes debemos a nuestro prójimo. (Éxodo 34:28; Deuteronomio 4:13; Mateo 22:37-40)

P. 94. ¿Qué requiere Dios en el primer mandamiento?
R. Que, so pena de la salvación de mi alma, evite y huya de toda idolatría, hechicería, encantamientos, invocación de los santos o de otras criaturas; y que reconozca rectamente al único Dios verdadero, confíe solo en él, con toda humildad y paciencia espere todo bien solo de él, y le ame, tema y honre con todo mi corazón; de modo que renuncie más bien a todas las criaturas antes que hacer la menor cosa contra su voluntad. (1 Corintios 10:7, 14; Levítico 19:31; Deuteronomio 18:10-12; Mateo 4:10; Apocalipsis 19:10; 22:8-9; Juan 17:3; Jeremías 17:5; 1 Pedro 5:5-6; Hebreos 10:36; Colosenses 1:10-11; Romanos 5:3-4; 1 Corintios 10:10; Salmo 104:27-30; Isaías 45:6-7; Santiago 1:17; Deuteronomio 6:5; Deuteronomio 6:2; Salmo 111:10; Proverbios 9:10; Mateo 10:28; Deuteronomio 10:20; Mateo 5:29-30; 10:37; Hechos 5:29)

P. 95. ¿Qué es la idolatría?
R. La idolatría es concebir o tener algo más en que poner nuestra confianza en lugar de, o además de, el único Dios verdadero que se ha revelado en su Palabra. (Efesios 5:5; Filipenses 3:19; Efesios 2:12; Juan 2:23; 2 Juan 1:9; Juan 5:23)

Día del Señor 35

P. 96. ¿Qué requiere Dios en el segundo mandamiento?
R. Que de ningún modo hagamos imagen alguna de Dios, ni le adoremos de ninguna otra manera que la que él nos ha mandado en su Palabra. (Deuteronomio 4:15-19; Isaías 40:18, 25; Romanos 1:22-24; Hechos 17:29; 1 Samuel 15:23; Deuteronomio 12:30-32; Mateo 15:9)

P. 97. ¿No podemos hacer imagen alguna en absoluto?
R. Dios no puede ni debe ser representado en imagen de ningún modo; en cuanto a las criaturas, aunque en verdad pueden ser representadas en imagen, sin embargo Dios prohíbe hacer o guardar semejanza alguna de ellas, ya sea para adorarlas o para servir a Dios por medio de ellas. (Éxodo 23:24-25; 34:13-14; Deuteronomio 7:5; 12:3; 16:22; 2 Reyes 18:4)

P. 98. ¿Pero no pueden tolerarse las imágenes en las iglesias como libros para el pueblo?
R. No, porque no debemos ser más sabios que Dios, quien no quiere que su pueblo sea enseñado por ídolos mudos, sino por la viva predicación de su Palabra. (Jeremías 10:8; Habacuc 2:18-19; 2 Pedro 1:19; 2 Timoteo 3:16-17; Romanos 10:17)

Día del Señor 36

P. 99. ¿Qué se requiere en el tercer mandamiento?
R. Que no debemos, por maldecir, o por jurar falsamente, ni aun por juramentos innecesarios, profanar o abusar del nombre de Dios; ni tampoco por nuestro silencio y complicidad ser partícipes de estos horribles pecados en otros; y en resumen, que usemos el santo nombre de Dios de ninguna otra manera que con temor y reverencia, para que él sea rectamente confesado y adorado por nosotros, y sea glorificado en todas nuestras palabras y obras. (Levítico 24:10-16; Levítico 19:12; Mateo 5:37; Santiago 5:12; Isaías 45:23; Mateo 10:32; 1 Timoteo 2:8; Romanos 2:24; 1 Timoteo 6:1; Colosenses 3:16-17)

P. 100. ¿Es la profanación del nombre de Dios, por jurar y maldecir, un pecado tan grave que su ira se enciende también contra aquellos que no ayudan cuanto pueden a impedirlo y prohibirlo?
R. Sí, verdaderamente, porque ningún pecado es mayor ni más provocador para Dios que la profanación de su nombre; por lo cual él aun mandó que fuera castigado con muerte. (Levítico 5:1; Levítico 24:15-16)

Día del Señor 37

P. 101. ¿Pero podemos jurar reverentemente por el nombre de Dios?
R. Sí, cuando el magistrado lo requiere, o cuando de otro modo pueda ser necesario, para mantener y promover la fidelidad y la verdad para gloria de Dios y bien de nuestro prójimo; porque tal juramento está fundado en la Palabra de Dios, y por tanto fue rectamente usado por los santos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. (Deuteronomio 10:20; Isaías 48:1; Hebreos 6:16; Génesis 21:24; 31:53-54; Josué 9:15, 19; 1 Samuel 24:22; 1 Reyes 1:29; Romanos 1:9)

P. 102. ¿Podemos jurar por "los santos" o por cualquier otra criatura?
R. No, porque un juramento lícito es una invocación a Dios, para que él, como el único escudriñador de los corazones, dé testimonio de la verdad, y me castigue si juro falsamente; honor que a ninguna criatura corresponde. (2 Corintios 1:23; Mateo 5:34-36)

Día del Señor 38

P. 103. ¿Qué requiere Dios en el cuarto mandamiento?
R. En primer lugar, Dios quiere que el ministerio del evangelio y las escuelas sean mantenidos, y que yo, especialmente en el día de reposo, asista diligentemente a la iglesia para aprender la Palabra de Dios, para usar los santos sacramentos, para invocar públicamente al Señor y para dar limosnas cristianas. En segundo lugar, que todos los días de mi vida descanse de mis malas obras, permita que el Señor obre en mí por su Espíritu, y así comience en esta vida el eterno reposo. (Tito 1:5; 1 Timoteo 3:14-15; 4:13-14; 5:17; 1 Corintios 9:11, 13-14; 2 Timoteo 2:2, 15; Salmo 40:10-11; 68:26; Hechos 2:42, 46; 1 Corintios 14:19, 29, 31; 1 Corintios 11:33; 1 Timoteo 2:1-2, 8-10; 1 Corintios 14:16; 1 Corintios 16:2; Isaías 66:23; Hebreos 4:9-10)

Día del Señor 39

P. 104. ¿Qué requiere Dios en el quinto mandamiento?
R. Que muestre todo honor, amor y fidelidad a mi padre y a mi madre, y a todos los que tienen autoridad sobre mí, me someta con debida obediencia a toda su buena instrucción y corrección, y también soporte pacientemente sus debilidades, puesto que es la voluntad de Dios gobernarnos por su mano. (Efesios 6:1-6, 22; Colosenses 3:18, 20-24; Proverbios 1:8-9; 4:1; 15:20; 20:20; Éxodo 21:17; Génesis 9:24-25; Romanos 13:1; 1 Pedro 2:18; Romanos 13:2-7; Mateo 22:21; Efesios 6:4, 9; Colosenses 3:19, 21)

Día del Señor 40

P. 105. ¿Qué requiere Dios en el sexto mandamiento?
R. Que no injurie, aborrezca, insulte ni mate a mi prójimo, ni en pensamiento, palabra o gesto, mucho menos en obra, ya sea por mí mismo o por otro, sino que deponga todo deseo de venganza; además, que no me dañe a mí mismo, ni voluntariamente me exponga a peligro alguno. Por lo cual también, para refrenar el homicidio, el magistrado está armado con la espada. (Mateo 5:21-22; 26:52; Génesis 9:6; Efesios 4:26; Romanos 1:19; Mateo 5:25; 18:35; Mateo 4:7; Romanos 13:14; Colosenses 2:23; Éxodo 21:14)

P. 106. ¿Habla este mandamiento solo de matar?
R. No, sino que al prohibir el homicidio Dios nos enseña que él aborrece su raíz misma, a saber, la envidia, el odio, la ira y el deseo de venganza; y que a su vista todos estos son homicidio oculto. (Romanos 1:28-32; 1 Juan 2:9-11; Santiago 2:13; Gálatas 5:19-21; 1 Juan 3:15)

P. 107. ¿Pero es esto todo lo que se requiere: que no matemos a nuestro prójimo?
R. No, porque al condenar la envidia, el odio y la ira, Dios nos requiere amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, mostrar paciencia, paz, mansedumbre, misericordia y bondad hacia él, y prevenir su daño cuanto sea posible; también, hacer bien aun a nuestros enemigos. (Mateo 7:12; 22:39; Efesios 4:2; Gálatas 6:1-2; Romanos 12:18; Mateo 5:7; Lucas 6:36; Romanos 12:10; Éxodo 23:5; Mateo 5:44-45; Romanos 12:20-21)

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P. 108. ¿Qué nos enseña el séptimo mandamiento?
R. Que toda impureza es maldita de Dios, y que por tanto debemos aborrecerla con todo nuestro corazón, y vivir casta y modestamente, ya sea en el santo matrimonio o en la vida célibe. (Levítico 18:27-28; Judas 1:22-23; 1 Tesalonicenses 4:3-5; Hebreos 13:4; 1 Corintios 7:1-4)

P. 109. ¿No prohíbe Dios nada más en este mandamiento que el adulterio y tales pecados groseros?
R. Puesto que tanto nuestro cuerpo como nuestra alma son templos del Espíritu Santo, es su voluntad que guardemos ambos puros y santos; por tanto, prohíbe todas las acciones, gestos, palabras, pensamientos y deseos impuros y todo aquello que pueda incitar a ello. (Efesios 5:3-4; 1 Corintios 6:18-20; Mateo 5:27-30; Efesios 5:18-19; 1 Corintios 15:33)

Día del Señor 42

P. 110. ¿Qué prohíbe Dios en el octavo mandamiento?
R. Dios prohíbe no solo tal robo y hurto como los que castiga el gobierno, sino que Dios considera como robo también todas las malas artimañas y ardides, con los cuales procuramos apoderarnos de los bienes de nuestro prójimo, ya sea por fuerza o por engaño, tales como pesas, longitudes, medidas, mercancías, monedas injustas, la usura o por cualquier medio prohibido por Dios; también toda codicia y el mal uso y desperdicio de sus dones. (1 Corintios 6:10; 1 Corintios 5:10; Lucas 3:14; 1 Tesalonicenses 4:6; Proverbios 11:1; 16:11; Ezequiel 45:9-10; Deuteronomio 25:13-15; Salmo 15:5; Lucas 6:35; 1 Corintios 6:10; Proverbios 5:10)

P. 111. ¿Pero qué requiere Dios de usted en este mandamiento?
R. Que promueva el bien de mi prójimo donde pueda y me sea posible, trate con él como quisiera que otros trataran conmigo, y trabaje fielmente, para que pueda socorrer a los pobres en su necesidad. (Mateo 7:12; Efesios 4:28)

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P. 112. ¿Qué requiere el noveno mandamiento?
R. Que no dé falso testimonio contra nadie, no tuerza las palabras de nadie, no sea murmurador ni calumniador, no me una a condenar a nadie sin ser oído o a la ligera; sino que, so pena de la pesada ira de Dios, evite toda mentira y engaño como las obras mismas del diablo; y que en asuntos de juicio y justicia y en todos los demás asuntos, ame, hable honestamente y confiese la verdad; también, en cuanto pueda, defienda y promueva el buen nombre de mi prójimo. (Proverbios 19:5, 9; Salmo 15:3; Romanos 1:28-30; Mateo 7:1-2; Lucas 6:37; Juan 8:44; Proverbios 12:22; 13:5; 1 Corintios 13:6; Efesios 4:25; 1 Pedro 4:8)

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P. 113. ¿Qué requiere el décimo mandamiento?
R. Que ni la menor inclinación o pensamiento contra cualquier mandamiento de Dios entre jamás en nuestro corazón, sino que con todo nuestro corazón aborrezcamos continuamente todo pecado y nos deleitemos en toda justicia. (Romanos 7:7-8)

P. 114. ¿Pueden aquellos que son convertidos a Dios guardar estos mandamientos perfectamente?
R. No, sino que aun los hombres más santos, mientras están en esta vida, tienen solo un pequeño principio de tal obediencia, pero de tal manera que con firme propósito comienzan a vivir no solo según algunos, sino según todos los mandamientos de Dios. (1 Juan 1:8-10; Romanos 7:14-15; Eclesiastés 7:20; Romanos 7:22; Santiago 2:10-11)

P. 115. ¿Por qué entonces Dios nos impone tan estrictamente los Diez Mandamientos, puesto que en esta vida nadie puede guardarlos?
R. Primero, para que mientras vivamos aprendamos cada vez más a conocer nuestra naturaleza pecaminosa, y así más fervientemente busquemos el perdón de los pecados y la justicia en Cristo; segundo, para que sin cesar pidamos diligentemente a Dios la gracia del Espíritu Santo, para que seamos renovados cada vez más conforme a la imagen de Dios, hasta que alcancemos la meta de la perfección después de esta vida. (1 Juan 1:9; Salmo 32:5; Romanos 7:24-25; 1 Corintios 9:24-25; Filipenses 3:12-14)

La oración

Día del Señor 45

P. 116. ¿Por qué es la oración necesaria para los cristianos?
R. Porque es la parte principal del agradecimiento que Dios requiere de nosotros, y porque Dios dará su gracia y Espíritu Santo solo a aquellos que ferviente y continuamente se los piden, y le rinden gracias por ellos. (Salmo 50:14-15; Mateo 7:7-8; Lucas 11:9-10, 13; Mateo 13:12)

P. 117. ¿Qué pertenece a tal oración que es acepta a Dios y que él escuchará?
R. Primero, que con todo nuestro corazón invoquemos solo al único Dios verdadero, quien se nos ha revelado en su Palabra, por todo lo que nos ha mandado pedirle; segundo, que conozcamos a fondo nuestra necesidad y miseria, de modo que nos humillemos en la presencia de su divina majestad; tercero, que estemos firmemente seguros de que, no obstante nuestra indignidad, él, por causa de Cristo nuestro Señor, ciertamente escuchará nuestra oración, como nos lo ha prometido en su Palabra. (Juan 4:22-24; Romanos 8:26; 1 Juan 5:14; Salmo 27:8; 2 Crónicas 20:12; Salmo 2:10; 34:18; Isaías 66:2; Romanos 10:14; Santiago 1:6; Juan 14:13-16; Daniel 9:17-18; Mateo 7:8; Salmo 143:1)

P. 118. ¿Qué nos ha mandado Dios pedirle?
R. Todas las cosas necesarias para el alma y el cuerpo, que Cristo nuestro Señor comprendió en la oración que él mismo nos enseñó. (Santiago 1:17; Mateo 6:33)

P. 119. ¿Cuál es la oración del Señor?
R. Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (Mateo 6:9-13; Lucas 11:2-4)

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P. 120. ¿Por qué nos mandó Cristo dirigirnos a Dios así: "Padre nuestro"?
R. Para despertar en nosotros, al comienzo mismo de nuestra oración, aquella reverencia y confianza filiales hacia Dios, que han de ser el fundamento de nuestra oración, a saber, que Dios se ha hecho nuestro Padre por medio de Cristo, y mucho menos nos negará lo que le pidamos con fe que nuestros padres nos niegan las cosas terrenales. (Mateo 7:9-11; Lucas 11:11-13)

P. 121. ¿Por qué se añade: "en el cielo"?
R. Para que no tengamos ningún pensamiento terrenal de la majestad celestial de Dios, y de su poder todopoderoso esperemos todas las cosas necesarias para el cuerpo y el alma. (Jeremías 23:23-24; Hechos 17:24-25, 27; Romanos 10:12)

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P. 122. ¿Cuál es la primera petición?
R. santificado sea tu nombre; es decir, concédenos, primero, conocerte rectamente, y santificarte, engrandecerte y alabarte en todas tus obras, en las cuales resplandecen tu poder, bondad, justicia, misericordia y verdad; y además, que ordenemos de tal manera toda nuestra vida, nuestros pensamientos, palabras y obras, que tu Nombre no sea blasfemado, sino honrado y alabado por causa nuestra. (Juan 17:3; Mateo 16:17; Santiago 1:5; Salmo 119:105; Salmo 119:137; Romanos 11:33-36; Salmo 71:8)

Día del Señor 48

P. 123. ¿Cuál es la segunda petición?
R. Venga tu reino; es decir, gobiérnanos por tu Palabra y Espíritu, de modo que nos sometamos a ti cada vez más; preserva y aumenta tu Iglesia; destruye las obras del diablo, todo poder que se levanta contra ti y todas las malvadas maquinaciones tramadas contra tu santa Palabra, hasta que venga la plenitud de tu reino, en el cual serás todo en todos. (Salmo 119:5; 143:10; Salmo 51:18; 122:6-7; 1 Juan 3:8; Romanos 16:20; Apocalipsis 22:17, 20; Romanos 8:22-23; 1 Corintios 15:28)

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P. 124. ¿Cuál es la tercera petición?
R. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra; es decir, concede que nosotros y todos los hombres renunciemos a nuestra propia voluntad, y sin disputar obedezcamos tu voluntad, la cual es la única buena; para que cada uno cumpla su oficio y llamamiento tan de buena gana y fielmente como los ángeles lo hacen en el cielo. (Mateo 16:24; Lucas 22:42; Tito 2:12; 1 Corintios 7:24; Salmo 103:20-21)

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P. 125. ¿Cuál es la cuarta petición?
R. Danos hoy nuestro pan cotidiano; es decir, dígnate proveer para toda nuestra necesidad corporal, para que por ello reconozcamos que tú eres la única fuente de todo bien, y que sin tu bendición ni nuestro cuidado y trabajo, ni tus dones, pueden aprovecharnos; para que por tanto retiremos nuestra confianza de todas las criaturas y la pongamos en ti solo. (Salmo 104:27-28; 145:15-16; Mateo 6:25-26; Hechos 14:17; 17:27-28; 1 Corintios 15:58; Deuteronomio 8:3; Salmo 37:3-7, 16-17; Salmo 55:22; 62:10)

Día del Señor 51

P. 126. ¿Cuál es la quinta petición?
R. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos á nuestros deudores; es decir, dígnate, por causa de la sangre de Cristo, no imputarnos a nosotros míseros pecadores nuestras múltiples transgresiones, ni el mal que siempre se aferra a nosotros; como también hallamos este testimonio de tu gracia en nosotros, que es nuestro pleno propósito perdonar de corazón a nuestro prójimo. (Salmo 51:1-4; 143:2; 1 Juan 2:1-2; Mateo 6:14-15; Salmo 51:5-7)

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P. 127. ¿Cuál es la sexta petición?
R. no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; es decir, puesto que somos tan débiles en nosotros mismos que no podemos mantenernos en pie ni un momento, y además, nuestros enemigos mortales, el diablo, el mundo y nuestra propia carne, nos asaltan sin cesar, dígnate preservarnos y fortalecernos por el poder de tu Espíritu Santo, para que hagamos firme resistencia contra ellos y no seamos vencidos en esta guerra espiritual, hasta que finalmente la victoria completa sea nuestra. (Juan 15:5; Salmo 103:14-16; 1 Pedro 5:8-9; Efesios 6:12-13; Juan 15:19; Romanos 7:23; Gálatas 5:17; Mateo 26:41; Marcos 13:33; 1 Tesalonicenses 3:13; 5:23-24)

P. 128. ¿Cómo cierra usted esta oración?
R. porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén; es decir, todo esto te pedimos, porque como nuestro Rey, teniendo poder sobre todas las cosas, tú estás dispuesto y eres capaz de darnos todo bien; y que por ello no nosotros, sino tu santo nombre sea glorificado para siempre. (Romanos 10:11-12; 2 Pedro 2:9; Juan 14:13; Salmo 115:1)

P. 129. ¿Qué significa la palabra "Amén"?
R. "Amén" significa: así será verdadera y ciertamente. Porque mi oración es mucho más ciertamente escuchada por Dios de lo que siento en mi corazón que deseo estas cosas de él. (2 Corintios 1:20; 2 Timoteo 2:13)